Un estudio sobre psicología infantil encargado por el Ministerio de Educación concluye que insultar al profesor de música ayuda a reforzar la autoestima de los niños. El informe, presentado esta mañana, habla de una “transferencia de amor propio del profesor hacia el alumnado, quedando el primero psicológicamente hundido en favor de los más pequeños”.

Los expertos contradicen así la teoría clásica que defendía que la música relaja a los niños y contribuye a generar estados de calma y serenidad. “No es la música en sí, es el hecho de arrojar tizas a la cabeza del profesor e insultarle repetidamente”, matiza el estudio, que extiende el fenómeno a los profesores de artes plásticas “y en general a todos los maestros sustitutos, sean de la asignatura que sean”.

“Ver a una figura de autoridad implorando clemencia mejora la autopercepción del alumno y sirve para liberar endorfinas”, concluye la investigación.

El informe destaca los efectos positivos que tiene el contacto físico entre profesores y alumnos, siempre que los profesores “no teatralicen en exceso” y quede claro que están siendo “realmente agredidos”. Asimismo, imponerse frente al maestro físicamente “contribuye a que el niño tome conciencia de su propio cuerpo y descubra su potencial, promoviendo una actitud asertiva”.

Los psicólogos destacan la importancia de que este proceso de “transferencia de autoestima” no se produzca en todos los casos. “Los maestros de asignaturas importantes como las matemáticas tienen que mantener su autoridad intacta para que el estatuto del profesor como símbolo de orden y disciplina no se desdibuje. Así, el alumno lo que hace con el profesor de música es descargar toda la rabia que le genera el de matemáticas”, especifica el estudio, que habla de un “equilibrio de fuerzas en el que los niños pierden y luego recuperan por sí mismos la dignidad”.

Atendiendo a todos estos datos, el Ministerio de Educación se plantea seriamente aumentar las horas de música en el currículo escolar, así como recuperar la asignatura de Filosofía, cuya desaparición generó tanta polémica entre los profesores “que intuitivamente defendían lo que ahora la ciencia ha demostrado”.