La torre de control del aeropuerto de El Prat, en Barcelona, ha vivido una situación de caos y desconcierto esta mañana, cuando un señor de 57 años, Roger Pardinyes, ha solicitado aterrizar en la pista 25R después de adelantar por la derecha a un avión de Ryanair procedente de Londres.

“Iba tan tranquilo escuchando música con los cascos, sin luces ni chaleco fluorescente ni nada, y ni siquiera tenía asignado un número de vuelo”, se quejaba uno de los controladores, que nunca había asistido al aterrizaje de un señor con el móvil en modo avión.

Movistar estudia cobrarle las tasas de vuelo

Pardinyes ha estado volando en círculos mientras recibía el permiso para aterrizar, comiéndose una barra de pan que llevaba en una bolsa del supermercado. Finalmente, ha podido tomar tierra cuando la batería del teléfono estaba al 8%. “Le hemos hecho un hueco entre dos vuelos comerciales, pero la próxima vez tiene que avisar”, insisten los operarios.

El señor, procedente del aeropuerto de Girona, ha argumentado que “no podía llamar para avisar porque, como todo el mundo sabe, cuando el iPhone está en modo avión no te deja hacer llamadas. La verdad es que es un atraso”.

Ya en tierra, Roger Pardinyes, que ha viajado a Barcelona para visitar a un familiar, ha circulado con parsimonia por la pista hasta detenerse cerca de la terminal 2 del aeropuerto. Allí, un trabajador le ha metido la bolsa del pan en un vehículo motorizado, llevándola a la zona de recogida de equipajes.

“Se ha sentado en un taburete frente a la puerta de embarque mientras le cargábamos el móvil. Luego ha ido a recoger la bolsa del pan y después ha cogido un taxi”, explican los empleados del aeropuerto.

Hasta la fecha, ningún ciudadano había aterrizado en un aeropuerto español por su propio pie. Esto se debe, principalmente, a los recelos de muchos usuarios, que temen que las operadoras de telefonía les cobren un recargo por utilizar el modo avión, aunque sea en recorridos de corta distancia. “Yo tengo prepago y me daba un poco igual. Mi idea era aterrizar donde pudiera cuando se acabara el dinero o la batería”, explica Pardinyes. La operadora Movistar no descarta cobrarle las tasas de vuelo.

Muchos curiosos se han acercado al viajero para hablar con él en la cola del taxi, conscientes de que es la primera persona que vuela de Mataró a Barcelona por sus propios medios. “Querían tocar el móvil, que quemaba la tira”, explica Pardinyes. El terminal telefónico ha ido pasando de mano en mano pero su propietario no ha temido que se lo robaran en ningún momento “porque tengo puesta la alarma”.