El dependiente de un establecimiento de la compañía Orange lleva toda la mañana intentando que una clienta contrate la tarifa Ballena sin tener que sugerírselo directamente.

“La chica pesará más de cien kilos. Ya sé que no tiene nada que ver, pero cuando le he dicho que el móvil no le había guardado la foto del pastel de boda de su hermana porque el teléfono estaba lleno, me ha preguntado si lo decía con segundas y entonces me he dado cuenta de que aquello no iba a ser fácil”, explica el empleado.

Se ha comido toda la tarifa de datos

La clienta se ha quejado de que la navegación por Internet le va muy lenta. El joven le ha comentado que “se ha comido usted toda la tarifa de datos y por eso va lenta” y la mujer ha replicado que ella come “lo que me da la gana”, aumentando la tensión entre ambos.

“Atendiendo a su consumo mensual, mi obligación es recomendarle la tarifa Ballena para que navegue a lo grande y ofrecerle un móvil más fino y ligero que el que tiene ahora, que pesa mucho”, argumenta el trabajador, consciente de que la clienta “no se lo va a tomar bien”.

El empleado insiste en que no es culpa suya que la mujer tenga el buzón lleno “y la carcasa hecha polvo de las veces que se habrá caído al suelo”. Pese a ello, sabe que la clienta se tomará todo esto como algo personal.

“Me ha explicado que se fue de Movistar por unos comentarios muy groseros que le hicieron sobre su ancho de banda. Yo creo que ella sabe que necesita la tarifa Ballena y ha venido aquí para que alguien se lo diga y le dé una excusa para descargar toda su furia”, concluye el empleado de Orange, que ha dejado a la mujer en espera y se ha encerrado en el baño para buscar una salida a esta situación.