Valorando que, siempre que va a visitar a un familiar, prueba comida “positivamente mejor que la de casa”, Pablo García, un niño de 7 años, ha empezado a sospechar que quizá su madre no sea tan buena cocinera como ha intentado hacerle creer su entorno a lo largo de toda su vida.

“Supongo que siempre he asumido que mamá cocinaba bien porque no conocía otra cosa… y quizá porque me daba demasiado miedo enfrentarme a las evidencias, pero los datos están ahí: siempre que comemos fuera lo disfruto más”, ha dicho este estudiante de primaria del colegio Santa Azucena de Alicante, añadiendo que “es lamentable” que sus padres le escondieran la auténtica torpeza de su madre a los fogones.

Pablo, que hasta ahora no había puesto en cuestión la cocina de su madre, ha tardado siete años en empezar a reunir “datos y evidencias” que le han hecho poner en duda su premisa y asumir, poco a poco, que la comida que le ponen en casa “no es la mejor”. “Visto en retrospectiva, entiendo por qué sus platos de macarrones siempre se me hacen un poco largos”, ha añadido. “Supongo que son una mierda, pero me gustan por simple ignorancia”.

“Mamá cocina mal, no pasa nada, no debería afectarme a nivel personal, es una buena mujer y aprecio sus esfuerzos”, ha concluido.

Minutos antes de la publicación de este artículo, la prensa ha podido saber que Pablo, mientras veía la televisión, le ha preguntado a su padre por qué en la montaña siempre hace más frío que en la playa y éste le ha contestado que no lo sabía.