Roberto Sanchís, de 16 años, será el primer estudiante español que ingresará este verano en el campo de detención de Guantánamo, donde sus padres creen que mejorará su nivel de inglés y adquirirá disciplina.

“Se ha pasado todo el curso tocándose los huevos. Me lo imaginaba otro verano tirado en el sofá y jugando a la Play y me ponía enfermo”, explica su padre.

La familia Sanchís confía en que los soldados americanos sabrán mantener a Roberto a raya. “Y si consiguen que haga deporte y adelgace un poco, mejor que mejor”, añade su madre.

“Me dijeron que me pagaban un viaje a Cuba”, se queja el joven

En un acuerdo sin precedentes entre las autoridades norteamericanas y el Gobierno español, se calcula que este año se realizarán más de 300 intercambios entre presos y estudiantes. “A nosotros nos enviarán a un señor acusado de terrorismo. Nos han mandado las fotos pero, como lleva puesta una capucha de tela, no sabemos qué cara tiene. La mirada es de buena gente, eso sí”, dice la madre de Roberto.

Los Sanchís, residentes en Zamora, ya están acondicionando la habitación de Roberto para que se instale en ella el preso número 47. “Nos han pedido que tapiemos las ventanas para que no le dé la luz y que no le llamemos por su nombre, que si no se encariñan y se niegan a volver a Guantánamo”, asegura el padre de Roberto.

El estudiante español declara que todo esto ha sido una encerrona: “Me dijeron que este verano me pagaban un viaje a Cuba. No entraron en detalles y por supuesto me pareció de puta madre. Empecé a sospechar cuando mi madre me acompañó a El Corte Inglés para comprar un uniforme de color naranja. Yo no quiero ir, he visto fotos en Internet donde cuelgan a los presos de los cojones”, se lamenta.

La madre no entiende las reticencias de Roberto: “Siempre dice que le gustan las artes marciales y se pasa el día jugando a videojuegos de esos de terroristas y violencia. Le gustará seguro, lo que pasa es que es muy gandul y le da pereza hasta preparar el equipaje. Y mira que esta vez no tiene que llevar maleta porque el uniforme se lo lleva puesto”.

“¡No llores, melón, que volverás hecho un hombre!”, le grita el padre al joven Roberto, que no sabe cómo aguantará dos meses enteros sin poder entrar en Facebook.