Ayer por la tarde, el líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba, visitó el Palacio de La Moncloa para reunirse con el presidente Mariano Rajoy, escenificando un cambio en la relación que ambos mantienen y mostrándose los dos muy dispuestos a fomentar el mutuo entendimiento.

Tras una copiosa “merienda-cena”, y después de haber tratado los puntos clave del encuentro, ambos líderes compartieron confidencias y establecieron una clara complicidad en un clima relajado “y con varias cervecitas de más”.

Se les echó la tarde encima y estuvieron viendo la tele

Según fuentes de La Moncloa, “se les echó la tarde encima” y fue la esposa de Rajoy, Elvira Fernández, quien sugirió que Rubalcaba se quedara “a ver la tele, que hoy dan el programa ese de Chicote”. Tras llamar a sus familiares y pedir que no le esperaran despiertos, el secretario general del PSOE accedió.

Rubalcaba, Rajoy y la mujer de éste se tumbaron en el sofá del salón, quitándose los zapatos y comiendo pipas.

“La esposa del presidente se retiró a la cama después de ver el programa de Chicote y ellos se quedaron mucho más rato, hasta las tantas de la madrugada, viendo a Sandro Rey, fumando y escuchando discos de Los Panchos”, explican las mismas fuentes de la residencia presidencial, que no han querido precisar a qué hora se acostaron ni si lo hicieron en la misma cama.

La cúpula del PSOE se extrañó mucho cuando, a media tarde, Rubalcaba envió un mensaje para decir que no habría una rueda de prensa posterior a la reunión. “Mañana hablamos”, escribió con una mano en su móvil mientras con la otra seguía jugando a los dardos.

Este mediodía, se ha presentado ojeroso en la sede del PSOE de la calle Ferraz y sus más cercanos colaboradores han notado enseguida que no había pasado la noche en casa. “Le he dicho: ‘Alfredo, tú no has dormido en casa’. Y entonces lo ha soltado todo”, ha explicado la socialista Elena Valenciano.

Hace escasos minutos, Mariano Rajoy ha confirmado a los medios todas las sospechas: “Intercambiamos unas risas, unos chistes y unos cuantos acuerdos”, ha admitido con total naturalidad y con una marca en el cuello.