El gremio de la hostelería se encuentra paralizado por la huelga de actores y trabajadores del mundo del espectáculo convocada hoy en todo el país, y que está teniendo mucho más seguimiento del previsto.

Según los representantes sindicales, el 45% de los bares y restaurantes de Madrid no ha podido abrir hoy sus puertas por la falta de personal, y en Barcelona los locales cerrados alcanzarían el 60%. El resto ha tenido que tirar de actores aficionados, incapaces de memorizar un menú.

“Estudié interpretación para atender a los clientes en condiciones, con un horario digno y sin que me endosen doce mesas para mí solita por no querer contratar más personal”, explica Vanessa Rialte, cuyo papel en “La violación de Lucrecia”, un poema dramático de Shakespeare, le valió el puesto de jefa de sala en la brasería “El Poniente”.

Los horarios interminables y la carga de trabajo excesiva son los motivos principales del descontento entre los intérpretes, que insisten en que, desde el estallido de la crisis, “solo los que tienen varios años de experiencia en la Comédie-Française o los que han conseguido papeles para Hollywood pueden aspirar a servir mesas en locales de alta gama y en condiciones más o menos razonables”, dice Rialte agitando los puños y mirando fijamente al techo.

Los actores también lamentan el intrusismo laboral, señalando que muchos restauradores, para no tener que pagar el caché de los profesionales, recurren a camareros que no han pisado un escenario en su vida.

Los sindicatos piden que se respeten los acuerdos de la negociación colectiva y amenazan con prolongar los paros. “La situación se ha vuelto insostenible tanto para los actores como para los clientes, que llegan a arrojar tomates a los empleados por lo mucho que tardan en servirles. No dan abasto y el número de bajas por depresión es intolerable”, denuncia Marcos Fajardo, coreógrafo del restaurante “México Sombrero” que se arrepiente de no haber estudiado Filosofía “porque ahora estaría trabajando de auxiliar administrativo”.