Mauricio Sagasta, de 29 años, pudo aplicar al fin sus conocimientos sobre arquitectura para erigir, ayer por la noche, una espectacular hamburguesa de vacuno de cinco pisos en el establecimiento de la cadena McDonald’s en el que trabaja.

“Llevaba meses planeando un McMenú de estilo deconstructivista. Algo que partiera de los trabajos de Eisenman y su eterna dialéctica entre la presencia y la ausencia, lo sólido y lo vacío”, explica este joven de Granada mientras “proyecta” unas patatas fritas que sus compañeros le reclaman con insistencia. “¡Ya va, ya va!”, les grita, argumentando que la arquitectura es “un continuo ‘work in progress'”.

Trabaja con la ayuda de un ingeniero de materiales

Sagasta considera que, con los materiales de los que dispone en McDonald’s, puede desarrollar una compleja red de hamburguesas con bacon monumental “y de rápida construcción gracias a la enorme ductilidad de los aislantes que utilizo: básicamente lechuga fresca y mayonesa”.

Para él, la rapidez a la que le somete su rutina de trabajo no es más que un acicate: “Se acabaron los grandes proyectos de larga gestación. Aquí tienes que diseñar estructuras que se sostengan en menos de tres minutos, integrando la improvisación en tu sistema de trabajo”, asegura.

Mientras habla, su “ya mítica” hamburguesa de cinco pisos está siendo derruida lentamente por uno de los clientes. “Ha empezado por abajo, cargándose los cimientos. No es lo óptimo, pero él sabrá”, afirma el joven arquitecto, que no siente frustración alguna “porque el paisaje urbano está en constante mutación, sustituyendo lo nuevo por lo viejo”.

Ahora investiga con su colega Ramón, ingeniero de materiales con seis años de experiencia en Estados Unidos, “una nueva mezcla de mayonesa y salsa barbacoa que aumente la resistencia de las construcciones”.

El trabajo de ambos está permanentemente supervisado por Dolores, que se doctoró en química con una tesis sobre la caracterización de polímeros fotoconductores mediante cromatografía con detección múltiple, técnicas de fluorescencia y mecánica y dinámica molecular. Ella es la encargada de que las mezclas no empeoren el sabor del conjunto.

“En este McDonald’s de Granada hay más talento que en cualquier universidad estatal y por eso los clientes vuelven una y otra vez”, explica Dolores, que sueña con trabajar en algún restaurante americano. “Nuestro nivel no tiene nada que envidiar al de los profesionales de fuera. Tenemos que estar orgullosos”, sentencia.

Un licenciado en filología hispánica acude a una biblioteca para leer el contador del gas

El caso de Mauricio Sagasta es solo un ejemplo entre cientos. Aparte del catalán Andrés Surinyac, que ganó varios premios internacionales con su “Pollock 4 quesos” expuesta en Domino’s Pizza, está el trabajo de Sergio Jara, doctor en filología hispánica por la Universidad Complutense de Madrid que esta mañana ha acudido a la Biblioteca Nacional para leer el contador del gas.

“Me pagan por leer. ¿Qué más quiero?”, afirma el filólogo, que lleva ya seis meses ofreciendo sus servicios a Gas Natural Fenosa. “Volver a esta biblioteca en la que pasé tantos años estudiando como un animal me produce una sensación extraña”, confiesa.

“Me he cruzado con la misma mujer de recepción que lleva aquí años. Ella no tuvo la oportunidad de estudiar y aquí sigue, estancada. Creo que debemos dar las gracias a nuestros padres por habernos dado acceso a una formación superior”, concluye.