Los usuarios de la red social Instagram, en la que se comparten fotografías retocadas con distintos filtros, están experimentando irregularidades en el servicio desde ayer por la noche.

Ya no te sacarán las castañas del fuego

Según parece, los filtros más utilizados para embellecer las imágenes se están empezando a saturar. “Fueron diseñados para potenciar las fotografías dándoles un look retro, pero la realidad nos demuestra que están aquí básicamente para ocultar granos, dientes salidos, barrigas y dar brillo a cubatas de garrafón”, explican los responsables del servicio en un comunicado.

Instagram también cree que “cuando entraron todos los usuarios de Android en avalancha, llegó el reinado de lo hortera y del quiero y no puedo”.

El primer filtro en tirar la toalla fue el “Valencia”, muy socorrido porque aporta un color crema muy elegante “aunque salgas en la foto mordiendo una caca”, admiten desde Instagram. A éste le siguieron el “X-Pro II”, el “Sutro” y el clásico “Earlybird”.

El internauta que intente camuflar sus defectos físicos con estos filtros verá que los colores aparecen tan saturados que la imagen apenas se aprecia.

“Si los filtros se saturan demasiado es porque no se utilizan bien. Se usan para la mentira. Para proyectar una imagen engañosa de nosotros mismos y de nuestro estilo de vida. ¿Por qué darle un look retro a la foto de un cocido de garbanzos? Estamos perdiendo el norte y nos vamos a cargar Internet”, protestan los administradores de la red social.

Instagram no descarta eliminar sus filtros temporalmente para obligar a los usuarios a enfrentarse a las imágenes que reflejan la cruda realidad.

Se intentaría así poner freno a casos extremos como el de Jeremy G., un individuo de Nueva York que intentó tatuarse el filtro “1977” por todo el cuerpo con el fin de tener en la vida real el mismo aspecto que tenía en su foto de perfil de Twitter.