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Ayer a las seis de la tarde, Alvarito Bosch, de 10 años, informó a la prensa que durante el ataque a una base oculta en la jungla de Myanmar perdió al resto de su escuadrón de marines, quedando él solo en pie. “Estamos palmando en este agujero y nadie mueve un dedo por nosotros, joder, estamos solos”, anunció mientras permanecía oculto en la jungla viendo, a través de la mirilla de su rifle de francotirador, cómo el resto de su formación era masacrada.

“Podría haber apagado la consola para abandonar esta masacre y volver al regazo de mi madre, pero soy un soldado y aún creo en las órdenes”, explicaba Alvarito entre susurros, evitando delatar su situación. “Y mis compañeros, los seis, han muerto ante mis ojos, no como héroes, sino como perros. Nos engañaron diciendo que había honor en esto, que la muerte sería gloriosa. Pues te voy a decir una cosa: no lo es, han muerto chillando y diciendo ‘joder’ o ‘mierda’ o suplicando por su vida”.

“Han muerto esperando una ayuda gubernamental que no ha llegado a tiempo”

Tal y como informan fuentes cercanas al Call of Duty, la partida, que ha durado siete minutos, debía finalizar cuando el último hombre, en este caso Alvarito, cayera a manos del escuadrón enemigo. Según declara este estudiante de cuarto de Primaria, él mismo estuvo a punto de morir hace dos minutos, cuando se encontró en un pasillo frente a un jugador contrario “y al mirarle a los ojos vi toda la maldad del fascismo en plena ebullición, pero pude acabar con su asquerosa vida”.

El niño lamenta el “poco apoyo, tanto moral como presupuestario” que está recibiendo del Gobierno español, al que culpa de abandonar a su suerte a los distintos escuadrones “que al fin y al cabo representan a nuestro país ahí fuera”. Asimismo, solicita para los avatares de sus compañeros fallecidos un “entierro oficial, una carta a sus familias, una medalla o algo, maldita sea”.

“Mi amigo .:.:.RubenKiller.:.:. era uno de los hombres más valientes que he conocido. Ha luchado a mi lado en Vietnam, en la Segunda Guerra Mundial y en la toma de la bandera de una base secreta de Singapur. Debería ser tratado como un héroe por las heridas que ha recibido, pero este país no necesita ningún héroe y ahora estoy aquí, al lado de su cadáver, robándole su subfusil MP7 con mirilla reflex, el arma con la que vengaré su muerte”, ha declarado Alvarito justo antes de agarrar el arma y abandonar los matorrales en los que permanecía oculto para morir acribillado al cabo de pocos segundos mientras susurraba “¡Mi nombre es Alvarito y voy a tener mi venganza!” en el salón de su casa, sin chillar porque sus padres le regañan cuando se pone excesivamente nervioso al jugar a la consola.

Al finalizar la partida, Alvarito pudo hablar en el “intermatch” con los participantes del equipo contrario y gritó “Viva España” y “Gaaaaaays” justo antes de desconectar la consola e irse a comer un bocadillo de jamón con mantequilla.