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El escritor Arturo Pérez-Reverte fue visto ayer por la tarde en compañía de una musa mucho más joven que él a la que manoseaba sin pudor alguno pese a encontrarse en un local público.

“Se estaban dando el lote de manera escandalosa y, cuando les llamé la atención, el señor Pérez-Reverte me dijo que estaba interrumpiendo una reunión de trabajo y que me había quedado sin monedita”, explica el camarero que atendió a la pareja y que, efectivamente, no recibió propina.

“Era la diosa Calíope, musa de la elocuencia”, aclara el autor

Horas más tarde, el suceso ya había trascendido en las redes sociales, donde circulaban incluso fotografías de la pareja.

Finalmente, fue el propio Pérez-Reverte quien admitió en un mensaje en Twitter que las musas “me las envían de la editorial desde hace años”.

También aclaró que es un método de inspiración habitual, “el más antiguo del mundo”, y llamó ignorantes “a los que se rasgan las vestiduras por verme disfrutar en compañía de una diosa”.

El caso de Pérez-Reverte vuelve a poner en tela de juicio los procedimientos del sector editorial, reavivando las sospechas de que la trata de musas es una práctica generalizada en la profesión.

“Cuando Miguel Delibes terminó ‘Señora de rojo sobre fondo gris’, se fumó el mejor cigarrillo de su carrera”, admite el experto Jorge Urdiales, que pide a los lectores que entiendan que “las ideas no salen de la nada y muchas vienen de Europa del Este”.

Manuel Vicent sigue esperando a su “mamita sabrosona”

El escritor Manuel Vicent no ha dudado en mostrar su indignación y ha reprendido públicamente a su compañero de editorial, Pérez-Reverte, por “caer en la infidelidad, en el abuso y en la falta sistemática de escrúpulos”. Vicent asegura que sigue esperando la “mamita sabrosona” que Alfaguara debía proporcionarle para ayudarle a terminar su último proyecto literario. Revela que habló con Arturo Pérez-Reverte y que éste le juró que él también tenía problemas de suministro con el tema de las musas.

“Al final resulta que hay autores que abusan de las musas dejando a los demás sin nada, y cuando les preguntas se hacen los locos”, insiste Vicent. El escritor, que lleva “meses y meses sin recibir una buena inspiración”, amenaza con pasarse a una editorial “de esas jóvenes” que ponen “mucho mimo en todo lo que hacen” y en las que “a veces son los propios responsables de la editorial los que se arremangan”.