Habiendo efectuado todas las despedidas protocolarias, Joseph Ratzinger ha abandonado las dependencias de la Santa Sede esta misma mañana, incorporándose a la normalidad como un ciudadano más. Lo ha hecho luciendo un atuendo austero que ha sorprendido a todo el mundo: un chándal de deporte, unas zapatillas Kelme, una boina y una bolsa deportiva de los Giants que, supuestamente, contiene varias mudas y una Biblia.

Ha chutado espontáneamente una lata de refresco

Con una cadenita de oro asomando por el cuello de la camiseta -que no oculta un lamparón cerca de la axila derecha-, Ratzinger ha saludado por última vez a los medios mientras mascaba chicle y chutaba una lata de refresco que se ha interpuesto en su camino.

El portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, ha pedido a los fieles que desvíen su atención del ex Pontífice “para no dificultarle las cosas”. Una petición que no ha tenido mucho efecto, puesto que los periodistas han seguido a Ratzinger a una distancia prudencial mientras pedía un café y un bollo en una cafetería Starbucks. “Le han preguntado el nombre, como hacen siempre en estos locales, y ha dicho que se llama Ben”, aseguraba una reportera de Sky TG.

Luego, “Ben” ha seguido paseando entre la gente y se ha detenido a observar unas obras mientras intentaba librarse de un trozo de bollo que, al parecer, había quedado atrapado entre sus dientes. “Ha escupido y ha seguido caminando poco a poco hasta meterse en otro bar, donde ha jugado una partida de ‘Jackpot Mistery'”, informaba The New York Times.

Los periodistas han perdido definitivamente la pista de Ratzinger cuando éste se ha metido en unos grandes almacenes, confundiéndose entre el gentío.