Las tres chicas de Comunicación que siempre van juntas han difundido esta mañana, en el pasillo de la cafetera, sus conclusiones sobre el tío ese tan raro de Contabilidad, al que prometieron seguir de cerca “para ver de qué palo va”.

Las iniciales reticencias, debidas a su físico intrigante, a su mirada taciturna y al hecho de que nadie le conocía de antes, se han ido disipando estos últimos días pese a que Sancho, Villena y Aguado, de Servicios Generales, se han volcado en una intensa campaña de desprestigio basada en la teoría de que “echaron a Marisa para colocar al raro, que será un enchufado de los de arriba”.

Le prestó un paraguas a la chiquilla que se sienta a su lado

Comunicación ha mantenido conversaciones con fuentes de Contabilidad, pese a que su informadora de mayor confianza, Milagros la de las cejas, tiene el turno de tarde desde finales de verano y no ha podido participar en la investigación directamente. Lo que sí hizo ella misma fue interrogar a la chiquilla esa que se sienta junto al raro, aprovechando que martes y jueves se queda hasta más tarde y ambas coinciden.

La chiquilla en cuestión insiste en que el tío nuevo de contabilidad es “majete pero callado” y asegura que le prestó un paraguas aquel día que llovió tantísimo.

El testimonio de la chiquilla fue tomado “con pinzas” por las tres chicas de Comunicación, al considerar que el tipo tan raro de contabilidad “se la podía estar camelando por puro interés o simplemente porque es un salido”.

Está recién divorciado y vive “con lo justo”

Quien acabó de arrojar datos contundentes al asunto fue Eladio de recepción, que directamente abordó al raro a la salida aprovechando que estaba en el vestíbulo esperando a que aflojara la lluvia (el pobre se había quedado sin paraguas porque se lo había prestado a la chiquilla que se sienta a su lado).

Eladio trasladó a Comunicación un retrato muy preciso sobre el tío raro: resulta que es padre divorciado, que vive con lo justo y que se ha tenido que cambiar de piso porque el niño va a otra escuela y él es quien va a recogerlo cada día al salir de la oficina porque la madre es una mujer complicada que tiene una depresión de caballo y no se puede encargar de nada.

Tanto Eladio de recepción como la chiquilla coinciden al asegurar que el tío raro de contabilidad es muy tímido, lo cual, sumado al hecho de que no está en su mejor momento personal, hace que no sea la alegría de la huerta, aunque no es en absoluto una mala persona. Su vestimenta sosa y desaliñada cuadra también con el retrato de un hombre recién divorciado que se está adaptando a una nueva vida.

Sancho, Villena y Aguado, que no han asistido a la reunión en el pasillo de la cafetera por motivos laborales, siguen diciendo por ahí que el tío ese raro de contabilidad desprende un tufo a whisky que echa para atrás cuando coincides con él en el ascensor. Comunicación resta credibilidad a sus afirmaciones y recuerda que “esos tres fueron los que hicieron creer a todo el mundo que la gorda de Gerencia tenía antecedentes penales y luego se vio que era un bulo”.