Cuando lo rescataron de allí se desplazó directamente a Ikea para amueblarlo.

José Bertín, un joven de Barcelona, permaneció la semana pasada cinco horas encerrado en el ascensor de su edificio y, como él mismo informó al salir, “al cabo de unas horas dejé de verlo como un elevador y empecé a verlo con otros ojos: como un habitáculo confortable, espacioso y con muchas más posibilidades que mi actual piso de mierda, en el que ahora mismo me siento ahogado”.

Desde que lo liberaron, tiene constantes ataques de claustrofobia y pesadillas en mitad de la noche en las que sueña que se queda encerrado en su piso. “Y entonces siento que tengo que escapar de mi piso y me voy al ascensor a dormir”, explica. Según los vecinos, a lo largo de la última semana ha llamado en al menos tres ocasiones a los bomberos para que le rescaten de su propia casa.