El ex dirigente de la patronal, Gerardo Díaz Ferrán, ha pasado su primera noche en prisión tras ingresar poco antes de la medianoche en la cárcel madrileña de Soto del Real, acusado del supuesto vaciamiento patrimonial del Grupo Marsans. Nada más llegar a las dependencias carcelarias, Díaz Ferrán ha reunido a sus compañeros de celda para presentarse y para transmitirles la necesidad de “trabajar más y ganar menos” para salir de la crisis y del presidio, apuntando que “seguramente no es un tema de trabajar más horas, sino mejor”.

Ha preguntado por el sastre de la prisión

Los abogados del empresario aseguran que el discurso de Díaz Ferrán muestra “su voluntad de colaborar”, aunque otras fuentes señalan que “ha llegado creyéndose el puto amo, pensando que así se libraría de pelar patatas”. La actitud del acusado ha sido recibida con frialdad por parte de los presos, que miraban atónitos a Díaz Ferrán mientras éste insistía en que “el aumento del IPC del 0,1% en septiembre, que situó la tasa anual en el 2,1%, no se debió a la reactivación de la economía sino a la subida del petróleo y de los impuestos”. Al oír esto, uno de sus compañeros de celda le ha advertido de que “si no te callas tú, te callo yo metiéndote la polla en la boca”.

Pretende sacar la cárcel a Bolsa

Ajeno a su propia problemática, Gerardo Díaz Ferrán se ha obsesionado con la idea de convertir Soto del Real en “una organización más productiva, más rentable y capaz de competir en el mercado bursátil”. Su idea es iniciar “una primera fase de evaluación del personal” para asignar a cada cual “las tareas más apropiadas”. De momento, solo Facundio “El Moñas” ha accedido a asumir las tareas de secretaría a cambio de unos bombones y unas cuantas caricias. El resto, sin embargo, espera a que se disipe la atención mediática para “reventarle la puta cabeza” y poner al empresario en su sitio.

Cuando Díaz Ferrán ha preguntado por el sastre de la cárcel con la intención de pedirle “unos ajustes en el uniforme”, ha recibido varios escupitajos en el rostro que, según las autoridades, “no auguran nada bueno”.