El juancarlismo se viste de lentejuelas

Parecía poco probable que, tras el contundente Mensaje de Nochebuena (2011) y los previsibles Mensaje de Nochebuena (2010) y Mensaje de Nochebuena (2009), su Majestad el rey pudiera ofrecer a su público un espectáculo que resultara sorprendente. Pero este 2012 solo nos ha dado alegrías. Primero fue su emotiva Lo siento mucho, a medio camino entre el cine dogma y la “performance”, y ahora da el salto a otro medio en el que parece moverse como pez en el agua: el patinaje artístico sobre hielo.

Lo que en el asfalto son torpezas y caídas, sobre hielo se convierte en una gracilidad sin igual: durante todo el espectáculo veremos al rey saltar, hacer cabriolas y deslizarse por la pista con la agilidad de una libélula tras tomar Red Bull. Juan Carlos On Ice no es solo un repaso biográfico a los logros del monarca. Es mucho más. Hay hasta cinco cambios de vestuario, y el primero de ellos pilla por sorpresa: el rey se arranca su anquilosado uniforme militar de un tirón, descubriendo un ajustado traje de lycra con lentejuelas, lo que resulta ser una metáfora de la Transición y el 23F, pues hace el cambio justo cuando la pista está cubierta de tanques con patines y un bailarín vestido de Tejero va disparando al techo. Un muy inspirado monarca los arrincona y los echa de la pista a base de pasos de claqué. En ese momento se gana al respetable y las canciones, los números, la ilusión y los bailes se suceden uno tras otro hasta culminar con la canción “Aunando nuestras voces, remando a la vez”, en la que su Majestad hace el baile del robot, desafiando la integridad de su nueva cadera.

El momento del noviazgo con la Reina Sofía quizá es, por previsible, la parte que más defrauda del espectáculo. Huelga mencionar el “animatronic” de la reina: ningún patinador podía soportar el peso de su peinado, por lo que se ha recurrido a un muñeco hidráulico con faldas que saluda al ritmo de la música. Es decepcionante porque es la reina la que levanta al rey sobre su cabeza mientras gira en molinillo. Los más pequeños, henchidos de fervor monárquico, hubieran preferido ver al monarca alzando a su amada.

Así y todo, las comparaciones entre Juan Carlos I On Ice y el reciente espectáculo Bob Esponja sobre hielo son inevitables. Ambos responden a un patrón coreográfico parecido y uno no puede dejar de pensar qué habría sido de España si la hubiera liderado la esponja amarilla.

Lo mejor: el sorprendente virtuosismo de Juan Carlos I sobre los patines.

Lo peor: el poco convincente “animatronic” de Su Majestad la reina Sofía.

Valoración El Mundo Today: ★★★★★

 

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