Los vecinos del bloque de apartamentos en el que reside el percusionista Carlinhos Brown están en pie de guerra. El ruido constante de los tambores y las panderetas del músico lleva años atormentando a la comunidad, que ha agotado todas las vías de reclamación pacíficas.

La gota que colmó el vaso fue el suicidio de una anciana del quinto piso que, desquiciada, se arrojó por la ventana traspasando el doble cristal y gritando “Pe pe pe pepepe pe pe” mientras se precipitaba al vacío. Como ni siquiera su muerte ha servido para poner fin al calvario, los vecinos han iniciado hoy una huelga de hambre.

“Con razón era el hilo musical de Guantánamo”

“El oído humano es capaz de soportar sonidos de hasta 120 decibelios, pero el señor Brown tiene la habilidad de traspasar el umbral del dolor simplemente acariciando el pandeiro”, explica el doctor Llorente, experto en contaminación acústica. Pero aparte de las limitaciones físicas del oído, existe también una agresión psicológica: “Con razón el hilo musical de la prisión de Guantánamo recurría a grabaciones suyas. La sucesión rítmica de golpes ensordecedores sigue patrones propios de las torturas bélicas más descarnadas”, insiste el doctor. No es casualidad que, cuando la comunidad de vecinos ha sufrido plagas episódicas de termitas u hormigas, el apartamento de Carlinhos Brown se haya librado de estas molestias. “Si no le aguantan ni las cucarachas, imagínense nosotros, que ni siquiera podemos escondernos en las tuberías”, explica el portavoz de la comunidad.

Él solo dice “Pe pe pe pepepe pe pe” y “¡Timbaleiro! ¡Timbaleiro!”

La alegría que envuelve al músico a todas horas le impide percatarse de los problemas que está generando. “No sirve de nada llamar a su puerta porque, obviamente, no oye el timbre. Básicamente porque el timbre suena como una pandereta y se suma al estruendo general. Pero incluso cuando te lo cruzas por los pasillos el tío va dando golpecitos a las paredes con un palo de madera y ni te escucha, se limita a cantar ‘Pe pe pe pepepe pe pe’. Si insistes, te acaricia el rostro y te grita ‘¡Timbaleiro! ¡O meu timbaleiro!'”, insiste el representante de los vecinos.

Carlinhos Brown: “Pe pe pe pepepe pe pe”

“Huyes de casa como de un bombardeo pero en el trabajo sigues canturreando ‘Pe pe pe pepepe pe pe’. Se te mete dentro, como un parásito. Regresas de nuevo por la noche y tu ‘Pe pe pe pepepe pe pe’ se suma a su ‘Pe pe pe pepepe pe pe’ y al ‘Pe pe pe pepepe pe pe’ de tu mujer, que no puede evitar tararearlo. El colmo es que yo me llamo Pepe y tengo la sensación de que me están llamando todo el rato”, declara el ejecutivo que vive pared con pared con el artista. “Solo paró una vez y fue con el ataque a las Torres Gemelas. Se le oyó decir ‘¡Meu Deus!’ pero luego siguió con los putos timbales y el puto ‘Pe pe pe pepepe pe pe’. No estuvo en silencio ni un minuto entero”, añade.