“Le he echado unas monedas a un pobre y me ha dicho ‘Gracias, ya te llamaremos'”, explica un ciudadano abulense en el informe “Pobres y desgraciados en España 2012”, presentado hoy en la sede del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Según los expertos, la actual coyuntura económica “está provocando que la escoria social sea la nueva clase media española”.

Glandito Sorolla, mendigo alcohólico y patán desde 1989, considera que “los españoles han estado viviendo por encima de sus posibilidades. Me refiero a lo de dormir bajo techo”. El estudio del CIS parece confirmar esta tesis y añade que “ya no hay una percepción generalizada de la jerarquía social porque nos vemos unos a otros como unos pobres diablos sin oficio ni beneficio”. Por eso los mendigos de toda la vida “están comprobando que para ascender socialmente bastaba con esperar a que la sociedad misma se degradara”.

Según datos del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), los desahucios de viviendas y locales se han disparado durante el primer trimestre de este año, alcanzando la cifra de 517 diarios. Llegados a este punto, explica el informe del CIS, “cuando uno se queda sin trabajo lo más sensato no es acudir al INEM sino empezar una ronda de contactos entre los mendigos del barrio para apalabrar zonas donde poder dormir cuando las cosas vayan a peor”. Glandito Sorolla pronostica que “todos los que hemos estado invirtiendo en el sector bancario vamos a sacar provecho de esta situación porque no habrá suficientes bancos en los parques para tanta gente, y eso nos permitirá especular”. El pordiosero teme, eso sí, que el Gobierno intente regular el sector “y se empiecen a asignar bancos, cajeros y esquinas por enchufe o porque tal persona tiene un máster MBA o un doctorado en no sé qué pollas”.

Hacia una “democratización de la miseria”

El Ejecutivo de Mariano Rajoy no ha tardado en ofrecer su propia interpretación del informe del CIS. La vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría ha afirmado que “son buenas noticias para los españoles”, refiriéndose a que “nuestro país está avanzando hacia una democratización de la miseria que rompe una brecha social que muchos creían endémica. No hay nada imposible y, sin ser utópicos, podemos afirmar que estamos un poco más cerca de un mundo que no distinga entre ricos y pobres, de un mundo que hable de personas”.