Un hombre vallisoletano ha descubierto que su pareja estaba siendo infiel a su detergente de siempre al apreciar, durante las últimas semanas, que los jerseys estaban más suaves, olían mejor “y las manchas, simplemente, desaparecían sin dejar rastro”. Gabriel Garzón al principio quiso creer que eran imaginaciones suyas pero, como explica, poco a poco empezó a recibir comentarios de amigos y familiares que le alertaron de la situación: “Que si habían visto a mi mujer por ahí con una blusa blanquísima, que si hay que ver qué limpios van mis niños, que si hay que ver qué cuello de camisa tan impecable…”.

Gabriel llegaba a casa y notaba un aroma “a otro” que ha definido como “un frescor de melocotón y una suavidad primaveral que no eran normales”. La confesión de Maite ha tenido lugar esta semana, pero Gabriel ya llevaba viendo cosas raras desde hace algún tiempo e incluso ha reconocido que llegó a tener contratado un detective durante unos días. “Se dedicó a seguir a mi mujer a los sitios y a chocarse con ella por la calle manchándola con productos que nuestro detergente de siempre no hubiera podido eliminar de ninguna de las maneras”, explica el hombre. El detective también realizó un seguimiento fotográfico de su mujer para comprobar si su ropa iba amarilleando. “Y no amarilleaba nada, las fotos son incontestables, mi mujer se quedó sin palabras cuando se las enseñé y fue entonces cuando confesó”.

Gabriel reconoce, no obstante, que más allá de comentarios de terceros y detectives la pista definitiva la encontró en la cama. Un día volvió del trabajo antes de tiempo, se dirigió al dormitorio “y las sábanas estaban increíblemente blancas, parecían nuevas, y mucho más suaves. Y las toallas del baño no rascaban para nada”. Su esposa, para disimular, estaba más cariñosa de lo normal con el detergente de siempre “porque sentía remordimientos”.

“Usaba el nuevo detergente pero en realidad pensaba en el viejo”, se excusa ella

Maite todavía no sabe si volver a su detergente habitual o seguir comprando el que utiliza ahora. “Mi detergente de siempre me ha dado momentos buenos. Pero tenemos nuestra historia. Últimamente abría la lavadora y eran todo reproches y malas caras al comprobar que no estaba respondiendo”, explica. “Tras diez años usando el mismo… una siente la necesidad de abrirse a nuevas experiencias. Con mi detergente de toda la vida había llegado a un punto en el que me ahogaba, me faltaba aire… y al final he optado por uno de oxígeno activo. Sus polvos tienen bolitas mezcladas y me zambullí en ese océano azul de jabón y eficacia probada”, se defiende Maite. “Una no es de piedra, ¿quién puede resistirse a un 30% más de producto gratis?”.