Ayer el cine perdió una de sus batallas cuando Alfonso y Chus, un joven matrimonio de Cartagena, decidieron dejar a medias el visionado de una película. Se trataba de “La profesora sustiputa”, un filme pornográfico ambientado en un instituto que habían escogido porque “el rollito profesora guarrilla” les da algo de morbo a los dos. Empezaron a ver la película muy animados “y ya casi con la chorra fuera”, pero a los primeros minutos de la cinta se dieron cuenta del “terrible error de cásting” que había cometido la productora al escoger a la actriz que debía interpretar el papel protagonista, el de la profesora.

“Uno se sienta en el sofá con la intención de disfrutar de un buen drama porno reposadamente, que luego quizá nos anime a penetrarnos analmente con el puño el uno al otro, y se encuentra con una actriz mal caracterizada y poco creíble”, comenta Alfonso indignado. “No critico que apenas haya romance, sé que el cine porno es lo que es, pero aquella profesora era demasiado joven y vestía de manera poco decorosa y su alumno, ridículamente musculoso, era demasiado mayor y parecía demasiado retrasado como para ir al instituto. Así no se puede. Yo me guardé el pene disimuladamente en el pantalón y mi mujer fingió dormirse, porque veíamos aquello y no podíamos pensar en sexo”.

Alfonso y Chus insisten en que, cuando ven una película porno, no esperan encontrar “cinéma verité”; de hecho, ella es profesora y ya partía del supuesto de que la película se tomaría “ciertas licencias poéticas”. “Por ejemplo, el hecho mismo de seducir a un alumno es una falta grave, pues no esperamos que la película refleje todo el proceso disciplinario, pero sí que la profesora parezca una profesora porque, si no, no nos pone”.

La mujer critica duramente, por ejemplo, que en el aula solo haya 10 alumnos. “En un aula española norma, hay al menos 40 alumnos por clase, por lo que una profesora no tendría tiempo de hacerles una felación a todos y tendría que llevarse trabajo a casa, y la cinta no refleja eso. Yo creo que el cine tiene una función social y esta película está dando la espalda a la triste realidad que nuestros jóvenes se encuentran en clase con tanto recorte en Educación”.

Las ecuaciones de la pizarra eran un sinsentido

Chus y Alfonso no solo quedaron profundamente descontentos con el cásting y el atrezzo sino también con el poco contenido lectivo que la película reflejaba entre escena sexual y escena sexual. “Intentar enseñar trigonometría al alumno usando su propia erección no parece un método educativo muy eficaz si se me permite la opinión”, se queja la mujer. En la película, además, la profesora pasa de una materia a otra sin el necesario descanso entre clase y clase y, por ejemplo, tras lo que parece una clase de anatomía dice “Y ahora, francés”, sin siquiera cambiar de aula. “No sé en qué plan educativo se mezclan materias de manera tan brusca. Desde luego, me gustaría verlo. Quizá han hecho alguna prueba piloto en algún centro educativo y es realmente eficaz”.

Descontentos, Alfonso y Chus decidieron descargarse otra película de Internet titulada “Pajas con los pies en el Orient Express”, ambientada en un tren “en el que viaja un número altamente sospechoso de tíos musculosos con acento alemán” que tampoco terminó de convencerles pero que, como mínimo, “no incluía ideas tan erradas sobre el noble arte de la docencia”.