Al menos 13 personas han sufrido una intoxicación el pasado fin de semana después de asistir a la lectura pública de un poema en mal estado, según han señalado fuentes del Institut Català de la Salut (ICS). De las 13 personas afectadas de “pesadumbre vital, dolor del alma y un amor desbocado hacia una persona indeterminada, quizá un ideal”, entre otros síntomas, al menos 6 continuaban la tarde del domingo llorando en el Hospital de Sant Pau y “buscando respuestas en el ocaso”, en palabras de los médicos que las atendieron.

La rosa del desierto, el local barcelonés en el que tuvo lugar la lectura pública del poema en mal estado, ha sido clausurado esta mañana. “La poesía es un arma cargada de futuro, y si cae en malas manos pasa lo que pasa, coño. Por suerte, hay pocos aficionados a la poesía hoy en día y no tenemos que hablar de pandemia”, explica uno de los policías que ha cerrado el establecimiento. El poema, que no se puede reproducir por motivos evidentes, arrancaba con los versos “No alabes mi belleza maltrecha” y terminaba con la expresión “pozo sombrío”.

El departamento de intoxicaciones alimentarias del ICS ha abierto ya una investigación para determinar, mediante comentarios de texto, cuál de los versos es el que habría sumido en un profundo estado de pesadumbre a los que asistieron a la lectura. El poeta aficionado, autor del poema en cuestión, ya ha pasado a disposición judicial y se verá en la obligación de justificar todos los recursos estilísticos usados en el texto. Se comprobará así si los copió de algún sitio y si el poeta está capacitado para abrir su corazón en locales públicos o debería conformarse con guardar sus versos en un cajón y sentirse incomprendido y eternamente desamparado.

Las personas intoxicadas solo pueden hablar usando un “lenguaje florido”

“Cuando salí del café ya empecé a notarme raro, pero al llegar a casa sentí una desazón que parecía que se me iba a partir el alma en dos”, confiesa uno de los afectados. Desde entonces, no ha sido capaz de superar la aflicción en la que se encuentra sumido ni de dejar de hablar “en lenguaje florido”. Al otro lado del teléfono, reconoce que ha sentido deseos de terminar con su vida. “Visto desde fuera parece horrible morir, pero puede que sea la única salida ante esta confusión total que es la vida, a la que podemos considerar el cálculo total de algo que en realidad no ha ocurrido”. Al colgar dijo: “No puedo dejar de anotar la belleza de este momento en mi cartera, olmo verdecido”.

No todos los afectados acudieron por iniciativa propia a los centros hospitalarios, muchos fueron aconsejados por sus familiares, que los encontraron extraños. “A mi marido se ve que le caló mucho un verso de Petrarca que leyeron en la lectura esa y se vistió en plan medieval y empezó a recitar ‘Marisa, siento por ti un fuego helado y tus dientes relucen como radiadores domésticos’ y otros recursos típicos del petrarquismo pero usados con muy mala fortuna. Me debatí entre pegarle dos hostias o llevarle al hospital y, para no ponerle más triste, le llevé al hospital”, explica. Otro de los afectados no deja de decir “Me siento completamente viernes”, lo que ha obligado a los médicos que le atienden a improvisar un pequeño foro literario para interpretar entre todos lo que “el poeta” está intentando decir y así poder diagnosticarle.

No es el primer caso de poesía en mal estado que ha saltado a los medios en los últimos meses. El pasado noviembre, la policía interceptó en el puerto de Barcelona un cargamento de poemas del “Machado chino” que estaban construidos a base de falsos sentimientos.