Desde hace algunas semanas, Lucas García, madrileño de 32 años, nota que en su cuerpo ocurren cosas extrañas: percibe olores que jamás había sentido, tiene intuiciones extrañas como detectar en qué calles hay aparcamientos libres y su vientre crece a un ritmo inusual “sin que tenga sentido culpar a la cerveza”. Al principio pensó que los efectos se debían “a esto que hago de meter la cabeza en el microondas para impresionar a las chavalas”, pero pronto concluyó que se trataba de un problema hormonal. “Mi cuerpo me dice que estoy en estado de buena esperanza”, asegura García.

Lucas García: "A veces pienso que a lo mejor no me conformo con uno".

Lucas tardó semanas en reconocer lo que le estaba ocurriendo pero ahora ya no tiene sentido negar la evidencia. En su trabajo, donde la mayoría le mira con recelo, no deja de oír opiniones que no pide: “no es apropiado”, “son cosas suyas”, “está loco”, “no llega en el mejor momento”, “en este barrigón lo que hay sólo son gases”… Otros compañeros, sorprendentemente, reconocen al hablar entre ellos que Lucas les da cierta envidia “porque se le ve radiante”.

“Mi cuerpo está cambiando, justo cuando se me estaba pasando ya el arroz mi organismo ha pegado un acelerón”, explica Lucas mientras visita webs y foros especializados en el embarazo “por si puedo aplicarme algún consejo”. “Tengo mucha ilusión por lo que sea que haya en mi interior. Él y yo solos contra el mundo, creciendo sin freno”. Aunque dice que le da igual la incomprensión ajena, reconoce que “agradecería que se alegraran por mí en vez de mirarme como a un bicho raro”.

“Mi cuerpo está cambiando, lo noto en lo más profundo de mi ser”

Los efectos fisiológicos de su situación son lo que más le incomoda. Se levanta con náuseas, tiene sueños extraños… “Hay olores que antes no soportaba y que ahora me atraen muchísimo, como el de la gasolina o el de los neumáticos nuevos”, explica.  Los cambios de humor tampoco son fáciles de sobrellevar. A veces pasa horas y horas asomado a la ventana, simplemente viendo los coches pasar, o pegado al televisor siguiendo la Formula Uno. “Tengo antojos rarísimos. Ayer me apeteció salir a la calle y morder el asfalto”.

Su hermana Toñi está acompañando a Lucas en esta etapa de su vida tan especial, llena de contrastes, ilusiones y caprichos. De hecho, se ha ido a vivir con él durante unos días para darle soporte moral. “No sabemos muy bien qué le ocurre pero es cierto que le miras a la cara y tiene el ‘guapo subido’, como suele decirse. Y aquí estoy yo para apoyarle en lo que sea”, explica. Pese a la confusión que le genera su estado, Lucas tiene confianza porque siente que “el parto irá sobre ruedas”.