La Generalitat Valenciana ha encargado al arquitecto español Santiago Calatrava el diseño de un puente que caerá en lunes. El encargo coincide con la investidura de Mariano Rajoy, que ha adelantado su intención de trasladar los días festivos a los lunes más cercanos con el fin de aumentar la competitividad de las empresas. Aunque la Generalitat no ha confirmado que el puente de Calatrava esté relacionado con el propósito de Rajoy, sí ha expresado en un comunicado su convicción de que Calatrava es el arquitecto más adecuado para emprender el proyecto “porque no es la primera vez que asume una tarea de estas características”. El comunicado alude al desplome, en agosto de 2006, de parte de la estructura del Palacio de Congresos y Exposiciones de Oviedo. “Diseñar una estructura pensada para caer un día concreto no es fácil, a no ser que se la eche abajo directamente con dinamita. Lo que nosotros queremos no es eso. Pensamos en una caída silenciosa y lenta. Un leve desprendimiento lo más natural posible”, explica un portavoz de la Generalitat. 

Por el momento, se ignora dónde será construido el puente en cuestión. “Queremos que sea un sitio en el que Calatrava aún no haya construido nada. Ya lo encontraremos”. Ni el equipo arquitectónico ni el propio Santiago Calatrava han querido adelantar los detalles del proyecto ni mucho menos precisar en qué lunes caerá el puente. “Todos sabemos la ilusión que hace que caiga un puente cuando menos te lo esperas. Si marcamos el día en el calendario con demasiada antelación se pierde la sorpresa. Ya hemos hecho mucho desvelando que será un lunes”, insisten desde la Generalitat. En estos momentos, el laureado arquitecto se encuentra encerrado en su estudio “luchando mentalmente contra el carácter imprevisible de la naturaleza, tratando de forzar caídas de objetos con la mirada”.

En cuanto a las características físicas del puente, se sabe con total seguridad que será blanco y con pinchos, “en la línea de lo que ha venido haciendo Calatrava desde que, en 1954, pinchó con un palillo una porción de queso fresco y descubrió en la arquitectura su auténtica vocación”.