Los homosexuales de élite que componen la Legión Gay de Francia llegarán a Libia mañana por la mañana, donde intentarán poner fin a una intervención armada que según muchos ya está durando demasiado. “Sus principales armas son su extremada inteligencia emocional, su capacidad para enfrentarse a los problemas con otros ojos y sus comentarios ofensivamente condescendientes”, explicaba Nicolas Sarkozy a los medios ayer al mediodía.

“Como las fuerzas de Gadafi salgan con un mechón despeinado, que se preparen para llorar porque nuestros muchachos les van a poner en un aprieto muy embarazoso con sus críticas”, sentenciaba el presidente francés. Sin embargo, sus reiterados elogios hacia la Legión Gay no han evitado que muchos ciudadanos recuerden aquellas declaraciones del mandatario en las que aseguraba ser “el único heterosexual de Francia”.

La apuesta por la Legión Gay como recurso definitivo para la resolución de conflictos parte de una corriente muy arraigada en la estrategia militar francesa. Numerosos generales del Ejército francés aseguran en privado no poder distinguir en absoluto a los integrantes de la Legión Gay del resto de soldados: por lo general, todos ellos se muestran arrogantes en sus ademanes y hábiles en el desgaste psicológico. Y es que, desde la Revolución Francesa, las fuerzas armadas de este país se han caracterizado por un comportamiento no excesivamente varonil, cargado de hirientes apreciaciones del enemigo y ácidos reproches.

“Cuando se enfrentaban a los nazis y éstos intentaban provocarles chapurreando insultos en francés, los soldados franceses se apresuraban a salir de sus trincheras para corregirles la pronunciación y hacer ver que no les entendían”, explica un historiador militar. “La Legión Gay es un perfeccionamiento de esta actitud, llamémosla ‘finolis’, que busca sacar de quicio al oponente y humillarle con el florido verbo”, insiste el experto.