Según informan las autoridades marroquíes, ayer por la noche once subsaharianos despegaron con sumo sigilo desde la costa magrebí, cruzaron el Estrecho de Gibraltar en dos segundos y medio y aterrizaron en una playa de Cádiz. Gracias al testimonio de un ciudadano, que pudo oír la apertura del tren de aterrizaje, la Guardia Civil encontró a los inmigrantes vagando sin rumbo alrededor de la aeronave y visiblemente afectados por el síndrome de la clase turista.

“Lo dejaron todo atrás y a algunos hasta les habían perdido las maletas. Tres de ellos sólo llevaban equipaje de mano y estaban agotados después de haber pasado infinidad de controles”, explica uno de los agentes. Varias ONG han advertido del progresivo deterioro de los servicios en cabina, sumado al poco espacio entre asientos y a la mala calidad de las películas proyectadas, que en muchos casos ni siquiera tienen calidad DVD. “Se les trata como al ganado y en caso de cancelación del vuelo quedan a merced de los elementos. Algunos incluso prefieren arriesgarse a bordo de embarcaciones caseras”, insiste un portavoz de Médicos Sin Fronteras.

Aparte de las condiciones vejatorias a las que se ven expuestos, en muchos casos los subsaharianos se enfrentan también al miedo irracional a volar, que les obliga a ser atendidos por psicólogos una vez llegan a los centros de acogida. Muchos declaran que prefieren ir a la cárcel antes que repetir esta dantesca travesía.

Desde hace unos meses, el Gobierno marroquí lleva advirtiendo de la construcción clandestina de un túnel ferroviario de alta velocidad que permitiría unir la costa magrebí con la española e incluso ofrecer a los inmigrantes clandestinos la posibilidad de hacer transbordo con otras líneas de Renfe y del resto de Europa. Se trataría de un servicio más humano pero con precios abusivos y sin tarifa web.