Andrés Domínguez Florián, que ocupaba su escaño de diputado en el Congreso el 23 de Febrero de 1981, ha sido descubierto esta mañana en el suelo del hemiciclo en un lamentable estado físico y psicológico. “Desde que Tejero ordenó a los diputados que se echaran al suelo, el señor Domínguez no se ha atrevido a levantarse y ha pasado estos 30 años muy bien escondido detrás de unas cortinas, sin fiarse de la aparente calma y creyendo que su vida corría peligro”, ha explicado un agente de la Policía Nacional.

Lo cierto es que la vida de Domínguez sí estaba en riesgo puesto que sólo le servían de alimento las chocolatinas que algunos diputados dejaban olvidadas ocasionalmente en sus escaños. “Vivía rodeado de envoltorios de Huesitos y había hasta un Raider, que es como se llamaba antes el Twix, no sé si se acordarán”, declara el agente.

Según han informado las autoridades, el diputado era soltero y no tenía hijos, por lo que nadie se percató de su ausencia. Tampoco sus compañeros se acordaron de él “porque era tímido, callado y nunca llamaba la atención”, explica el propio Felipe González.

El diputado, que tiene ahora 56 años, ha sido ingresado en la Clínica Moncloa, donde se encuentra en observación. Por mucho que los médicos y los agentes de la Policía hayan intentado aclararle qué ocurrió en España desde que él se agachó en el Congreso, Domínguez Florián sigue creyendo que va a ser fusilado y grita constantemente “Yo no le temo más que a Dios”.