“No sólo lo hemos ingresado porque dice unas cosas que no son normales sino también porque se le ha caído el pelo y ahora se parece mucho a ese señor de la tele que a mí siempre me ha dado un poco de repelús”, explica la madre de Aarón con lágrimas en los ojos. “Además es insufrible, a todo le intenta sacar punta, todo le parece misterioso, todo le parece trascendente, todo tiene que ver con neuronas y átomos y no sé qué. Es muy cansino”.

A Aarón la reacción de sus padres le parece comprensible aunque exagerada. “Es cierto que llevo unos meses con un comportamiento peculiar para alguien de mi edad. Pero en la perspectiva del tiempo geológico, estos dos meses no son más que un instante, un pestañeo… Los problemas son muy relativos, como yo le digo a mi madre. Al fin y al cabo, no soy más que una sucesión de reacciones químicas: ¿Qué importancia puede tener que un individuo que no es más que una mota de polvo en la inmensidad del cosmos hable de una manera que recuerda a otro individuo que es también insignificante?”, se defiende.