La situación, al parecer, es compleja dado que no hay dogma de fe que pueda tolerar tener a un dios esperando a que el anterior se jubile para gozar de su puesto. “Otra cosa que podría hacerse es despedir al actual, pero si tenemos que indemnizarle por cada año trabajado el Vaticano se quedará tiritando y no tendremos ni para comprarle al Papa una mitra de las que venden los bazares chinos”, proseguía Lombardi.

Según los estudios realizados por la Santa Sede, “hay mesías muy preparados y muy aptos por ahí, pero las condiciones han cambiado y ahora el credo es algo muy inestable”. Por tanto, se duda que los candidatos puedan gozar de unas condiciones laborales como las del dios actual. “Ya se sabe, la crisis de valores está afectando al Vaticano también y la fe escasea cada día más. Parece la típica excusa de la crisis pero esto es así”, argumentó el portavoz.

“Estamos pensando en establecer un período de prueba. Si en una empresa el máximo permitido es de 45 días, nosotros vamos a extenderlo más, a dos siglos al menos. Luego miraremos si puede establecerse algún tipo de convenio de prácticas y, más adelante, ya hablaremos de puestos fijos y contratos indefinidos. Pero eso será más tarde. Lo que no vamos a hacer, desde luego, es darle un puesto tan importante y con todos los extras a cualquiera”, concluía Lombardi.

Bajo estas condiciones, algunas comunidades católicas dudan que pueda encontrarse a candidatos de peso para sustituir a Dios una vez éste se jubile y, por tanto, creen que lo mejor será “cerrar la paradita”.