Adolfo Gallén tiene dos pasiones en la vida: España y el nudismo. Asegura que su amor por la patria es puro, libre de artificios, y cree que la mejor forma de expresarlo es prescindir de cualquier indumentaria. “Quiero defender mi país y quiero hacerlo con el cuerpo desnudo, al natural. No necesito escudarme en nada más porque mi cuerpo es más español que cualquier uniforme”, sentencia. El pasado mes de abril, tras años de insistencia, Gallén ingresó en las Fuerzas Armadas, donde pide que se respete su nudismo “como una opción personal que no me impide cumplir con mi deber”.

En los comedores del Cuartel General de la Armada de Algeciras todas las miradas se posan en el cuerpo del entrevistado. “Lo sé, aún no están acostumbrados. Pasó con las primeras mujeres, con los primeros soldados homosexuales y está pasando conmigo. Es parte del proceso”, explica Gallén con asumida resignación. Uno de sus compañeros se nos acerca, me saluda y, mirando fijamente al soldado nudista, le espeta: “Cuídate esas estrías, tiburón”.

Adolfo tuvo que luchar primero contra la negativa de sus padres, que temían por su vida. “Creían que un soldado desnudo no podría superar una batalla en el frente. Pero hay estudios que demuestran que el cuerpo sin ropa se camufla mejor que todos los uniformes militares del mundo. Es más probable que el enemigo te confunda con una alimaña, y más si eres delgadito como yo. No sé, creo que damos demasiada importancia al vestir. Tenemos prejuicios absurdos”, argumenta.

Tras vencer el primer obstáculo paterno, Gallén inició una dura batalla legal para que se reconociera su derecho a formar parte del Ejército. “Escribí a la mismísima Carme Chacón. Gracias a ella pasé todos los filtros. Supongo que, al ser mujer, es muy consciente de la importancia que tiene imponerse ante la rigidez militar. Le gustó mi motivación y la convencí con la fuerza de la verdad”, declara con orgullo.

Aunque por el momento está siguiendo un duro proceso de preparación física y no ha entrado aún en combate, Adolfo Gallén sueña con formar parte del Ejército del Aire. “Saltar en paracaídas y notar tu cuerpo vibrar con furia es una experiencia muy enriquecedora y trepidante. Y si encima defiendes a España y a los españoles haciendo esto, creo que no se puede pedir más”. La ilusión que desprende su mirada me hace olvidar por un momento que la comida que se sirve en el cuartel es, a todas luces, incompatible con la vida humana.

Comedor del Cuartel General de la Armada de Algeciras.

– Cosa negra con guisantes.
– Cosa marrón con otras cosas más pequeñas de textura acuosa.
– Cosa blanda de textura tipo piedra.

Total: cortesía del Ejército Español.