El pasado mes de marzo, el papa Ratzinger ordenó la creación de una comisión teológica internacional con la intención de esclarecer la existencia de los genitales masculinos. “Vamos a echar una miradita debajo de la parra, a ver qué hay”, dijo en tono informal un portavoz del Vaticano. Estos últimos meses, la comisión ha examinado a más de 200 varones y ha concluido que “podría haber algo” justo por debajo de la cintura de algunos hombres. “Como un apéndice que, aparentemente, podría ser el sitio por el que Dios coge a los hombres para ascenderlos al Cielo”, indicaba un comunicado de la Santa Sede.

Hasta ahora, el Vaticano respondía con evasivas a la cuestión y sólo se hacía mención a las hojas de parra con las que tradicionalmente se han tapado los genitales en esculturas y pinturas. Sin embargo, al fin se admite que, además de las hojas, “puede haber tronchos y bien gordotes”. Con el fin de descubrir la naturaleza del apéndice, la comisión teológica ha solicitado a Benedicto XVI más presupuesto para chequear a más voluntarios.

Ahora que la Iglesia ha admitido la existencia de los genitales, muchos esperan que el Papa pida perdón por todos los hombres que fueron condenados en la Edad Media por rascarse la entrepierna en público. “Constatar la existencia de algo como el miembro no implica que, de buenas a primeras, se autoricen los usos que se hacen de él. Está muy claro que el hombre aún tiene que aprender a usar este órgano de forma compatible con lo que marcan las Escrituras. Tenemos el instrumento y nos falta la partitura”, ha declarado el propio Benedicto XVI.

El asunto ha destapado numerosos casos de devotos que, asustados ante lo que colgaba entre sus piernas, procedían a la amputación al creer que “aquello” no era normal. Ahora, sin embargo, la Iglesia recomienda no tomar soluciones drásticas “porque parece que sí, que hay algo ahí y que está puesto por algún motivo que aún no hemos determinado”, en palabras de un portavoz de la Santa Sede.