Antoine Giraud lleva 11 meses luchando para que el mundo se rinda ante un hecho incontestable: la famosa Torre Eiffel, símbolo de su ciudad natal, París, no es más que un plagio. “Una copia barata de un llavero que me regalaron unos amigos de mis padres cuando yo era apenas un bebé”. Fue su mujer, Claudine, quien le hizo notar “el enorme y sospechoso parecido” del monumento con ese llavero que Giraud guardaba en un cajón sin prestarle la más mínima atención.

Este fontanero de 35 años asegura que no tiene ni idea de arquitectura “pero sí tengo ojos en la cara y sentido común, que es lo único que hace falta para ver que tengo razón”. Lo dice alzando la voz, con la energía del eternamente incomprendido, en el Café del Círculo de Bellas Artes de Madrid en el que nos hemos citado. Ha venido a España porque, en un foro de Internet, se le informó de que existían llaveros parecidos al suyo en San Sebastián de los Reyes. “Como veo que con mi llavero hay quien no se da por enterado, bastará con que consiga más ejemplares. Los arrojaré a la cara de quien insista en mostrarse escéptico” insiste airado, clavando sus ojos en mí y contagiándome con ellos su amargura.

Antoine Giraud no entiende por qué sus compatriotas niegan lo evidente. “Supongo que es por miedo, pero nuestro orgullo nacional no tiene nada que ver con el hecho de que esa torre sea una copia. Al fin y al cabo, es mucho más grande. Eso ya tiene mérito. Si es que yo no pido que la derriben, sólo quiero que se sepa la verdad. Un país que vive instalado en la mentira es un gigante con pies de barro”, explica.

¿Un parecido razonable?
¿Un parecido razonable?
Hace tres semanas, un arquitecto escribió al entrevistado con la intención de hacerle ver que su llavero podría ser posterior a 1887, momento en el que empezó a construirse la Torre Eiffel. “Es de risa. Vamos a ver: este llavero lo tengo yo casi desde que nací. Toda mi vida. No había Internet. No había nada. Yo no sabía lo que era la Torre Eiffel pero ya estaba jugando con ese llavero. Hay fotos, tengo muchas fotos, demonios” argumenta con enfado. La ira le lleva a dejar intacta la ensalada que ha pedido para almorzar. Desganado, pues, confiesa: “¿Sabes qué? La gente está tonta. Pero yo soy un valiente. Yo persevero y no tiraré la toalla. Aquí está mi llavero. Y aquí, en mi maldito cerebro, está la jodida verdad”. Lo dice con el rostro enrojecido, clavando el llavero en su frente.

Café del Círculo de Bellas Artes.

– Ensalada del Círculo de Bellas Artes.
– Estofado del Círculo de Bellas Artes.
– Cafés del Círculo de Bellas Artes.

Total: 28 € del Banco de España.