Jonathan Reese debía ser ejecutado el pasado 12 de febrero en Cleveland (Ohio), pues fue declarado culpable del asesinato de 8 personas y condenado a muerte. Sin embargo, cuando le preguntaron cuál era su última voluntad, declaró que deseaba rodar una película “como Avatar pero más larga”. Por este motivo, su ejecución será prorrogada indefinidamente para que pueda ultimar el guión, planificar el rodaje, escoger el reparto y, en definitiva, llevar a cabo todas las tareas inherentes a este tipo de películas. Ahora está en España buscando localizaciones y estudiando la posibilidad de una coproducción.

Al llegar al McDonald’s en el que hemos quedado para la entrevista, compruebo que el cineasta me espera junto a los dos agentes de la Policía que le acompañan a todas partes. Pese a estar custodiado, Reese es tan corpulento que uno no podría sentirse seguro a su lado ni aunque el reo estuviera completamente encadenado. “Cuando me preguntaron cuál era mi último deseo dudé entre una hamburguesa del McDonald’s y lo de la película. Escogí bien porque ahora me zampo tantas hamburguesas como quiero”, dice sonriendo.

Cuando Jonathan comentó al alcaide su voluntad de rodar una película justo la noche antes de que lo ajusticiaran, estuvieron a punto de ignorar su petición. Sin embargo, la tradición y el protocolo mandan y, además, todo parece indicar que será el pueblo de Ohio el que tendrá que sufragar los gastos del film sin disponer de los derechos de explotación. “A mí me tocó pagar los costes del juicio en su día, así que estamos en paz”, dice Reese mientras intenta robarme una patata frita. Cuando procuro detenerle con la mano agarra mi brazo y me mira con furia. Luego ríe a carcajadas. “¡Es tan fácil gastar bromas cuando has matado a 8 personas!”, exclama. “Aunque yo no digo que lo haya hecho, claro”.

El juez dio la orden de empezar la preproducción cuanto antes. “No quieren que mi ejecución se demore pero, como he pedido que la película sea en 3D, eso alargará muchísimo el proceso. Además estoy teniendo problemas con el guión, no termina de convencerme aún y no quiero rodar un plano hasta que no lo tenga cerrado”. El director, por ahora, lo único que tiene claro es que en la película saldrán “tías buenas y habrá muchos tiros”. Y quiere aprovechar la entrevista para dejar claro que por “tías buenas” no se refiere a Johnny “Tijeras” Sack, el preso que, en su cárcel, hace de mujer.

Reese, como cualquier director de cine, no quiere desvelar nada de la trama de la película. “Ya digo, aún hay que ultimar el guión. Al final el protagonista mata a un juez y a un montón de gente más, eso es lo único que tengo claro. Eso y que quiero que vaya sobre emociones y la condición humana y que lance un mensaje ecologista también”, explica mientras trata de quitarse un trozo de lechuga de entre los dientes usando la cadena de las esposas a modo de hilo dental. Reconoce que al principio no tenía claro lo de hacer una película, que “todo empezó en el fondo como una excusa”, pero ahora está convencido de que el proyecto da sentido a su vida. Y la prolonga también, claro.

“Me gustaría ir lanzando pequeños trailers en Internet conforme vayamos rodando, como han hecho con ‘Iron Man 2’. Esas cosas ayudan mucho a la promoción. Aunque, por lo que sé, me ejecutarán la noche del estreno”, dice. El presidiario se debate entre el arte y la vida, consciente de que cuando termine la obra que da sentido a su existencia deberá enfrentarse a la inyección letal.

“Lo peor de todo es que ahora estoy trabajando en una superproducción, es cierto, pero en un futuro me gustaría explorar un tipo de cine más íntimo”, admite apasionado. “Sería una mezcla de ‘Delitos y Faltas’ de Woody Allen y ‘Prison Break’. Un escritor neurótico de Nueva York, encarcelado por escribir una mala novela. En la prisión aprendería a relacionarse con hombres que le recuerdan a su ex mujer”.

McDonald’s de Avenida Diagonal, Barcelona.

– 1 menú Big Mac con ensalada.
– 1 menú Mc Pollo.

Total: 5 euros.