Ayer se vivieron momentos de desorganización y dispersión generalizada en la sucursal madrileña de la multinacional Jenkins & Co después de que uno de sus empleados se suicidara colgándose del techo con un cable telefónico. El suceso tuvo lugar durante el descanso de las diez de la mañana y sirvió como excusa para que muchos empleados alargaran unos minutos más el receso “mediante la clásica técnica de las lágrimas y los desmayos alrededor del cadáver de un compañero caído”, en palabras de un portavoz la compañía.

El director general de la delegación española de la multinacional Jenkins & Co, lamenta tener que recordar a sus empleados que no deben abusar de los cinco minutos diarios de descanso -que la empresa instauró por voluntad propia y como deferencia hacia sus trabajadores-. “Aprovechan cualquier oportunidad para escaquearse, son como críos. Además deberían estar ya acostumbrados porque llevamos 15 suicidios sólo este año”, se queja.

Los empleados tuvieron que seguir trabajando toda la jornada en la misma sala en la que permanecía el cadáver de su compañero, que continuó colgado del techo hasta que, bien entrada la tarde, la Policía se lo llevó. “En general preferimos esperar a que todo el mundo se vaya a casa para recoger los cuerpos porque si no se ponen todos muy dramáticos y se desconcentran con el rollo del forense” insiste el director general. “Alargan los descansos, luego se estresan al recibir varios e-mails de golpe y ya piensan en suicidarse”, añade.