Una intensa precipitación de vello azota desde ayer la localidad francesa de Carcassonne despertando el interés de la comunidad internacional de alopécicos. Las calles de la ciudad se llenaron pronto de individuos calvos que esperan que, de alguna manera, el pelo cuaje en su cabeza.

“Han corrido rumores por Internet y hemos recibido la visita de numerosos extranjeros, gente desesperada en busca de cualquier remedio para la alopecia” declaraba esta mañana el alcalde de Carcassonne, Gérard Larrat, que agradece el aumento repentino del turismo pero teme que la zona se llene de calvos decepcionados cuando se confirme que el pelo no arraiga en los transeúntes. “Les ves en la intemperie durante horas, dejándose cubrir por el vello con el frío que hace, y en el fondo sabes que parará de llover y una ventisca dejará las cosas como estaban al principio. Sólo espero que no haya brotes de violencia”, ha añadido Larrat.

Los meteorólogos calculan que la lluvia durará unos dos días más, coincidiendo con el paso por Francia de las aves pecholobo, que migran de África hacia Europa cada año.

“Me da igual lo que digan. Si me muriera de sed y no tuviera otro recurso, saldría a la calle para beber el agua de la lluvia. Esto es lo mismo. Me duele en el alma ver que los barrenderos retiran y queman todo ese pelo que a mí me falta” asegura el alemán Ernst Milde, que ha viajado a Carcassonne desde Berlín y relata en directo su experiencia en el blog “Soy calvo pero tengo Internet”.

Aunque son muchos los dermatólogos que han advertido a la gente de que esas lluvias de vello no ayudan a combatir la alopecia, varios individuos con vocación comercial han empezado a vender por las calles de Carcassonne barras de pegamento de oficina para que los calvos puedan sacar el máximo partido de la precipitación de pelo. El alcalde ha asegurado que se combatirá el fraude y que se repartirán folletos explicativos entre los calvos “que no entiendan el asunto a la primera”.