Juan Domínguez, lampista de 55 años, entró en coma hace casi una década tras intentar desencajar un bidé con los dientes. Hace apenas dos semanas recuperó la conciencia y sus médicos tildaron de milagroso su despertar. Él considera, sin embargo, que se debió sólo a un acto de buenas maneras. “Durante nueve años nadie nunca se dignó a pedírmelo con educación. En cambio un día vino una señorita y me interpeló directamente. ¿Quién le iba a negar nada?”.

“¿Quieres saber lo primero que escuché al despertar? Un politono” dice mientras esperamos a que el maître, un hombre pequeño y nervioso, nos prepare una mesa. “Yo ni siquiera sabía lo que era aquel ruido pero luego mi mujer me ha ido poniendo al día. Al principio los odiaba pero ahora no puedo dejar de escucharlos. El del ‘peluchito’ ese es muy adictivo”.

Matilde, la esposa de Juan, también está presente durante la entrevista pues no puede despegarse de él desde que recuperó la conciencia. En cuanto tiene oportunidad aclara que ella no se apartó ni un momento de su lado en los nueve años que duró el estado de coma. “Sí, es cierto. Venía al hospital cada día. Se sentaba junto a mi cama y hablaba. Yo podía oírla como a lo lejos. Pero en nueve años, jamás, ni una sola vez, me preguntó cómo me había ido el día. Sólo hablaba de ella y de sus amigas y de sus cosas. Nunca he sido una prioridad para ella, ni despierto, ni dormido ni nada. Y yo ahí, aguantando, que no me dejaba abrir la boca”, se queja Juan.

Cuando su mujer intenta defenderse el entrevistado insiste en que siempre se sintió ninguneado, también por los médicos. “Yo oía hablar a todo el mundo pero en tercera persona y a base de indirectas, como si no fuera conmigo o yo no estuviera allí. Que si ‘no sabemos cuándo se va a despertar’, que si ‘hay muy pocas esperanzas’, que si ‘es un luchador’… En fin, todo ese rollo de ir lanzando puyitas y jodiendo. Y a mí eso sí que no. A mí se me viene de frente y se me piden las cosas como a un adulto”, explica mientras el camarero se lleva los platos de los primeros y trae los segundos. “Antes del coma mi mujer se pasó años diciendo cosas como ‘se ha roto la persiana’, esperando que yo la arreglara. Como poniéndome a prueba. Pues conmigo eso no funciona. No señor”, sentencia.

Mientras damos cuenta del segundo plato se hace un silencio. Juan, entonces, lanza una exclamación y se levanta para ir corriendo al baño. “Lleva nueve años dejando que la naturaleza lo haga por él y todavía no se ha acostumbrado a ser dueño de su esfínter” aclara Matilde, quien cree que estos “humos suyos” son una cosa nueva y echa de menos al Juan Domínguez de antes del accidente. “¿De dónde han salido todos esos remilgos? Antes el señorito era de aquellos que te pedían una cerveza a eructos”, se queja.

Pese a que intento preguntarle en numerosas ocasiones si se estuvo haciendo el comatoso durante casi una década por despecho, Juan hace lo que sea para no contestar. Se pone a barrer los platos con la lengua, farfulla una frase ininteligible o bien finge narcolepsia. “Lo hace desde que salió del coma, no sé. Sobre todo cuando le toca ducharse o fregar los platos. Creemos que es por el agua”, explica la mujer.

Mesón La Mandrusilla.

- Macarrones.
- Lentejas con chorizo.
- Ensalada de atún.
- Redondo de ternera.

Total: 55 euros.

6 Comentarios de ““Desperté de un coma porque me lo pidieron bien””

  1. paucazorla dice:

    jajajjaja tras intentar desencajar un bidé con los dientes!!! tremendo que nadie le pidiese por favor que despertara.. eso sí es tener orgullo!

  2. yo dice:

    Genial Kike. Siempre la clavas.

  3. pere dice:

    Este caballero me parece un grosero, estar una década en coma no es excusa para barrer los platos con la lengua, además parece ser que no se ducha

  4. Bandini dice:

    Que grandes sois

  5. Todo al fin y al cabo se resume a tratar a la gente de buenas maneras.

  6. KIQUITO dice:

    Yo conocí a un señor, profesor de Lengua, y Letras (impagadas) que después de sufrir un ictus entró en coma (y en cama), para después de unos meses vegetando — solo comía verduras– y unas páginas en blanco (no podía escribir, claro) puso punto final, o sea a su situación inmediata posterior.

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