Julio MartÃnez, de 12 años, ha faltado a la escuela durante el primer trimestre porque aún no ha terminado los deberes de las pasadas vacaciones de verano. Aunque su maestra insiste en que Julio necesita ser escolarizado, es la madre del niño la que dice que no podrÃa soportar la vergüenza de que su hijo se presentara ante el resto de sus compañeros sin haber completado sus tareas. Julio, consciente de que no le dejarán volver al colegio hasta que termine, asegura esforzarse todo lo que puede pero no da más de sÃ.
El cuaderno Santillana de Julio tiene ya muchas de sus páginas descosidas o tan manchadas de comida que apenas son reconocibles. La madre no entiende a qué se deben los problemas del niño para terminar sus deberes pues, aunque no le gusta estudiar y siempre ha puesto excusas para faltar a clase, no saca malas notas y, de hecho, hasta mediados de verano era capaz de hacer las dos páginas al dÃa que se habÃa propuesto. “Recuerdo que un dÃa, a principios de agosto, le dije que si no terminaba el cuadernillo no podrÃa volver al cole y a partir de ahà todo se torció. Creo que fue porque ese dÃa fuimos a la piscina y el exceso de cloro debió volverlo retrasado. Queremos demandar al socorrista, que es el que se encarga de regular el agua”, explica la madre entre lágrimas.
“¿Qué clase de vida es esta para un niño? A veces se esfuerza tanto en hacer sus tareas que se desmaya sobre los cuadernillos y se queda dormido durante horas. Lo ves delante del cuaderno, concentrado, pero no es capaz de escribir nada”, explica el padre. “Todos los que conocen bien a Julio siempre dicen ‘qué niño más espabilado’, pero uno nunca sabe cuándo va a volverse gilipollas. En fin, seguimos queriéndole aunque ahora sea tonto. Yo le digo a mi esposa que lo mande al colegio, que no pasa nada si lleva el cuaderno sin hacer, pero a ella le preocupa el qué dirán. Lo malo es que los deberes se le irán acumulando y no creo que podamos escolarizarlo hasta los sesenta años a este ritmo. Y cuando se lo digo a Julio, el pobre sonrÃe como un bobo, creo que ni siquiera entiende lo que le digo”.
Las maestras de Julio insisten en que los cuadernillos de vacaciones no son más que un placebo que luego ni siquiera se molestan en corregir, por lo que Julio podrÃa rellenar los ejercicios con palabras soeces y volver al colegio de una vez. La madre, sin embargo, considera que eso serÃa optar por lo fácil y en su familia pueden ser “de todo menos comodones y gandules”.
como la vida misma xD
Este chaval tiene un futuro envidiable como funcionario de las oficinas del INEM.
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