viernes 03 de septiembre de 2010
Albergaban kilos de guisantes, lentejas y pescado

Un niño llevaba un año escondiendo comida en los bolsillos

Publicado el 1 de Diciembre de 2009 por Kike García

El fuerte olor y la presencia de charcos de salsa alrededor del pupitre de Pablo Satinado, de nueve años, hicieron que sus profesores descubrieran grandes cantidades de comida en descomposición en los bolsillos de su bata. Tras un duro interrogatorio, Pablo confesó que llevaba tiempo escondiendo toda la comida que no le gustaba en los bolsillos de la bata y del pantalón. “Y a la hora de comer digamos que no es de los más glotones y le hace ascos a casi todo, así que había allí bastante mandanga” explica su maestra.

Cuando los padres de Pablo fueron a recogerle al colegio se encontraron a su hijo con unos pantalones limpios y 50 kilos de deshechos orgánicos en bolsas de basura que los profesores habían extraído de los bolsillos de la criatura. A los docentes les resulta increíble que el niño pudiera moverse arrastrando tanto peso. De hecho, Pablo ha desarrollado una musculatura considerable en las piernas, aunque según los médicos no se desprenderá del olor a basura hasta pasada la pubertad.

“Apareció de todo”, dice la madre. “Pensé que llevaría como mucho dos semanas haciendo eso de esconder la comida, pero poco a poco fueron apareciendo las migas con chorizo que hicimos en el pueblo en agosto, las berenjenas al horno que hice el día del cumpleaños de mi hermana… Y así hasta encontrar las ostras que compré la pasada Nochevieja, con lo caras que me costaron. Eso sí, de frankfurts y chucherías ni pizca. Eso sí que no lo esconde”.

Lo que los padres no han explicado es por qué no obligaron a su hijo a cambiarse de pantalones -por mucho que éste insistiera en que eran sus preferidos- y cómo no se alarmaron al ver que el pequeño adelgazaba paulatinamente. “Es que no parecía adelgazar porque le iban creciendo las cartucheras, así que yo pensé que había salido a su madre”, se excusa el padre. “Y sí, olía, claro que olía. Pero ya se sabe que los chavales a esas edades le pierden el gusto a la ducha”.

A partir de mañana, el pequeño Pablo acudirá a un psicólogo infantil que tratará de descubrir si sufre trastornos alimentarios o algún tipo síndrome de Diógenes. “Lo aconsejable en estos casos es que los padres compren un perro, de este modo el niño dispondrá de un recurso limpio y eficaz para deshacerse de la comida que no quiera engullir”, explica el experto. “Por lo que me ha contado la madre, ella siempre insistía en que tirar la comida está feo, así que su insistencia puede ser la causa de que el niño se acostumbrara a acumularla”.


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Comentarios
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3 comentarios para “Un niño llevaba un año escondiendo comida en los bolsillos”


Aristype
01/12/2009
 

O lo corrigen a tiempo, o acaba aficionado a las películas de gladiadores. Esas desviaciones no sabes nunca por donde van a salir. Dos buenas nuevas bofetadas sería un buen comienzo.


Profesor de primaria
01/12/2009
 

De bofetadas nada. Son inútiles. Mejor comprar un embudo de boca ancha y meterle semanalmente todos los desechos directamente a la garganta. Ya verás como así no se guarda ni un guisante.


unopoaqui
01/12/2009
 

Síndrome de Diógenes infantil…

(Yo tiraba las bolas de comida debajo de la nevera, ni os quiero contar el día que limpiaron a fondo y la retiraron, no es coña).

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