“Vino y me dijo ‘Tenemos que hablar’, así como muy serio. Y yo no le hice caso, porque es algo que lleva diciéndome desde que nos conocemos. Pensaba que era un tic nervioso o algo. Y luego empezó a decirme que si necesita su propio espacio y que si ‘no eres tú, soy yo’. Pero vamos, que a mí ya me da igual todo a estas alturas”, explica Martina.

Cuando se le piden explicaciones a Fermín por haber tardado tantísimo en dejar a su novia -ahora ya esposa- se encoge de hombros. “Ha estado bien durante un tiempo, pero es que yo me canso enseguida de las chicas y siento que todavía estoy en el mercado y que tengo mucha guerra que dar. Creo que aún no estoy preparado para una relación seria como la que Martina parece tener en mente. Lo hemos pasado bien, pero el sexo ya no es lo que era. Y sólo se ha tratado de eso, de sexo. Pensaba que ambos buscábamos lo mismo”, dice. Y se excusa explicando que no querría pasar la vida con alguien que aspira a algo más. “Conocí a Martina en el baile y la saqué a bailar igual que podría haber cogido a otra. Y a lo tonto, a lo tonto, hasta hoy”.

Lo cierto es que, aunque le pese a Fermín, él y Martina seguirán viviendo bajo el mismo techo y muy probablemente su vida cotidiana no vaya a cambiar demasiado aunque ya no estén juntos. “No hacemos el amor desde hace quince años, así que si a partir de ahora quiere dormir en el sofá, por mí mejor porque huele a viejo. Y si lo que quiere es estar en el mercado como dice, pues que venga conmigo a comprar cada mañana y se deje de gilipolleces, que ya tiene una edad”, dice con sorna Martina. Fermín, por su parte, trata de convencerla para que le deje traer chicas a casa. “Esto va a ser como un piso de estudiantes a partir de ahora: compartiendo piso con una exnovia, con mucha tensión sexual, muchos malentendidos, mucha risa, mucha gente desnuda, que si hoy con una, que si mañana con otra… Así soy yo”, dice pensando en el futuro.