Ella dice que está bien pero su comportamiento indica todo lo contrario.
Carlos Estévez está muy preocupado porque hace tiempo que su esposa no es la misma y no entiende qué le está ocurriendo. Sospecha, sin embargo, que puede ser algo grave pues apenas habla, se muestra distante y lo hace todo con desdén y a desgana. El principal problema es que la mujer no parece ser consciente de su situación o bien no quiere asumirla. “No me pasa nada, ¿qué me va a pasar? Estoy bien” se limita a decir con el semblante seco cuando se le pregunta si le ocurre algo. “He pensado que quizá también tenga algún problema de psicomotricidad”, dice el marido, “pues no controla sus movimientos como una persona normal y todo son portazos y cajones cerrados con demasiada fuerza… el otro día, pobrecita, incluso se le cayó un plato con la mala suerte de que fue a dar contra la tele de plasma”.

Pese a la insistencia de la mujer, Carlos tiene pruebas de que ella no se encuentra bien. “A veces la oigo llorar en la habitación y entonces entro y le pregunto si le pasa algo. Y dice cosas como ‘¿A mí? No, no, estoy estupendamente, vamos, es que daría saltos de alegría ahora mismo’. Pero claro, no se pone a dar saltos ni nada, lo que confirma que, efectivamente, sus palabras son falsas otra vez. Yo creo que no se da ni cuenta. Lo que le ocurre es gordo gordo, como de la serie House o peor”.

La madre de Carlos cree que su nuera sí se da cuenta de lo que le ocurre y que es su hijo quien no es capaz de ver más allá. Pese a ello, tiene palabras críticas contra la afectada, a quien acusa de mentirosa: “A veces me da pena porque parece que sufre en silencio, pero llega un momento en el que pienso que es una egoísta porque no deja que nadie la ayude y hace de su hogar un sitio poco acogedor para su familia. ¿Qué ejemplo da a sus hijos? Ahora cuando les duela la barriga mentirán y será imposible curarles. Si está mal que no diga que está bien porque eso despista muchísimo, sobre todo a mi hijo, que no es muy despierto”.

Un joven madrileño padeció lo mismo

El caso de Yolanda no es único, según ha podido saberse, pues Ángel Panadero, un joven madrileño de 35 años, también dijo durante meses que estaba bien pero, como reconoció posteriormente, estaba “un poco así” por culpa de la reciente ruptura con su novia de toda la vida. “Le sacábamos de fiesta y fingía divertirse”, explica un amigo, “pero sabíamos que algo estaba roto dentro de él. Con el tiempo lo ha reconocido, pero nos hemos sentido un poco defraudados por sus sucias mentiras, así que hemos dejado de llamarle”.