Tras hora y media de tren y un tedioso trayecto en autobús, consigo localizar el polÃgono en el que Pepe Vargas, autor de una guÃa turÃstica sobre polÃgonos industriales, me ha citado para la entrevista. El paisaje es desolador. La única huella de civilización que puede percibirse en la carretera solitaria en la que estoy es el fragor de la autovÃa que hay a veinte metros. Cuando entro en el restaurante “Kilómetro 6″ todo cambia, parece una taberna medieval en la que todo el mundo se conoce. Y entre el tumulto está Pepe, quien en su guÃa “PolÃgonos con encanto” ha situado el local entre los veinte mejores restaurantes poligonales de toda Europa.

Pepe Vargas.
Además de su calidad, la razón por la que Pepe ha elegido este restaurante es porque aquà conoció a su esposa hace más de treinta años. Ella era camarera entonces y él manejaba un toro hidráulico en un almacén de tuberÃas cercano. “Nos conocimos y, bueno, el resto es historia. La llevé al altar yo mismo, en el toro hidráulico. No es que estuviera gorda ni nada, pero es que a mà me gustaba mucho aquel toro”.
Al poco, ella dejó su trabajo y él se hizo camionero “por el sentimiento de libertad, las ganas de ver mundo y conocer a personas de todas partes”. Y desde entonces ha ido apuntando todo lo que le ha parecido interesante: “A lo mejor estaba haciendo un servicio no sé donde y entraba en un polÃgono con un delicioso aroma a chocolate, porque se conoce que habÃa allà una fábrica de bollos, y entonces cogÃa y lo apuntaba en un mapa y me decÃa ‘a ver si vuelvo aquà con mi señora en vacaciones’. Creo que los polÃgonos industriales están poco explotados como destinos vacacionales para toda la familia y es una lástima”.
Cualquier transportista sabe que existen diversas guÃas sobre polÃgonos, pero Pepe Vargas las desprecia: “Se limitan a decirte dónde está situada tal o cual empresa, a ofrecer un mapa y a indicar dónde está el parking; a mà eso no me interesa”. Él lo que quiere es encontrar “la esencia de cada polÃgono, describir sus gentes, el latido especÃfico de sus fábricas y sus almacenes. Quiero que la gente deje de fijarse en las prostitutas, los perros abandonados y las carreras ilegales para centrarse en la belleza que esconden estos paisajes únicos de cemento y metal”.
En su guÃa hay sitio para monumentos y curiosidades, pues no todo es gastronomÃa y alojamiento. “En Murcia hay un polÃgono, muy cerquita de la playa además, en el que hay un solar donde una empresa dejó abandonadas dos toneladas de lona sintética que acabaron por incendiarse. Ahora parece una escultura moderna. Arte del bueno. Por supuesto, también tengo cosas de tipo práctico como un mapa donde señalo los bares en los que te miran mal si llevas el bocata de casa y pides sólo una cerveza y otros donde puedes encontrar tantas máquinas tragaperras que harán que olvides esa horterada de Mónaco”.
“Mi próximo proyecto es escribir un libro de Historia”, dice ilusionado mientras abarre con exagerada avidez una tarrina de helado de dos gustos, idéntica a la que deben de servir en cientos de bares de toda España. “Hay evidencias de polÃgonos que datan del siglo I después de Cristo, pero no hay fondos para hacer excavaciones serias con arqueólogos y toda la pesca”.
Es la hora de pedir la cuenta y Marina, la mujer corpulenta que lleva el local, pregunta por la esposa de Pepe, que fue antigua empleada suya. Éste, tragando saliva y ahogando un suspiro, le explica que le abandonó hace dos años. “Estaba harta de que estuviera siempre en la carretera, pero yo intentaba sacarla a comer fuera y salÃamos cada fin de semana”. Lo que no explica Pepe es dónde “sacaba” a su señora, pero dada la pasión con la que habla de los polÃgonos industriales no cuesta adivinarlo.
- Zumo de tomate.
- Gazpacho.
- Macarrones gratinados.
- Merluza rebozada.
- Sepia a la plancha.
- Tarrinas de helado.
- Café.
Total: 11 euros.
Que emoción por fin me toca a mi, quiero agradecer este comentario a mi familia que siempre me apoyó y confió en mi, muchas gracias a todos.
Muy flojo este artÃculo