Rompe unas 20 fotos suyas diariamente.

Rompe unas 20 fotos suyas diariamente.

Cuando Juan Garcés se presenta parece que pida perdón por ello, como quien se excusa ante sus contertulios porque padece halitosis o tiene un hijo demasiado revoltoso que no deja de molestar. No tarda en reconocer que se pone del hígado a sí mismo: “Cuando me miro al espejo no es que no me reconozca, es que me partiría la cara”. Juan no se pone las cosas fáciles: cuando tras veinte minutos de espera viene el camarero a atendernos, le pide los platos más picantes de la carta. “Es que tengo hemorroides”, explica. Y uno entiende que la vida de este hombre no es un camino de rosas.

“Cuando miraba a mis hijos me veía a mí mismo cuando tenía su edad y me daban asco”, se excusa cuando se le pregunta qué tiene que ver su “patología” con que abandonara a su familia hace dos años. Él cree que lo suyo es una especie de enfermedad, como quien tiene intolerancia al gluten sólo que aplicada a su persona: “Empecé a darme cuenta de mi problema cuando hace dos años me dio por recortar mi cara de todas las fotos de mi boda. No sabía por qué lo hacía, pero me daba coraje estar ahí estropeando el que debía haber sido el día más feliz de la vida de mi mujer”. Al poco tiempo recortó la cara de su mujer también. “Me daba rabia pensar que se había casado con alguien como yo y empecé a odiarla a ella también. Ahora tengo un álbum lleno de agujeros en el que sólo se ven vestidos ridículos de los setenta sin cabeza. Me reiría sólo de pensarlo si no fuera porque no soporto oírme”.

Me explica que se pasa el día imprimiendo fotos suyas sólo para romperlas con rabia en pedazos y, de golpe, se detiene como si acabara de recordar algo. “Me estoy escuchando hablar y es que me mataría”, dice. “Odio la manera en que voy diciendo ‘eh, miradme, soy especial porque me doy rabia a mí mismo’. ¿No te parece de una prepotencia apestosa? Ojalá hubiera alguien en el mundo como yo, así al menos no me sentiría tan solo. ¿Ves? Ya estoy otra vez con ese tonillo pretencioso. Dios, pero qué mal me caigo”.

La última esperanza de Juan reside en que los médicos hallen una cura para su autointolerancia o sean capaces de hacerle olvidar quién fue para, de una vez, ser la persona que desea ser. “Hay gente a quien tratan porque es alérgica a la lactosa o al melocotón. Pues bien, yo soy alérgico a mí mismo, ¿tan difícil es de comprender?”. Y, resignado, da un último sorbo a la botellita de tabasco que ha pedido para beber.

El Rincón Maya

– Choriqueso extra picante.
– Guacamole picante.
– Tacos del pastor con picante.
– Tarta tres leches.
– Una Coca-cola.
– Salsa de tabasco.

Total: 46 euros.