Su alteza SerenÃsima Alberto II de Mónaco capitaneó una expedición a la Antártida en la que tuvo que lidiar durante diez dÃas con ventiscas y temperaturas inferiores a los 40 grados bajo cero. Muchos medios y no pocos aristócratas han expresado su malestar por este tipo de actividades. ¿Qué hubiera pasado si su alteza SerenÃsima hubiera sufrido un percance, requiriendo una transfusión de sangre? Actualmente no hay donantes de sangre azul, lo cual obliga a los monarcas a quedarse en casa por miedo a sufrir accidentes.
Su alteza SerenÃsima Alberto II de Mónaco capitaneó una expedición a la Antártida en la que tuvo que lidiar durante diez dÃas con ventiscas y temperaturas inferiores a los 40 grados bajo cero. Muchos medios y no pocos aristócratas han expresado su malestar por este tipo de actividades. ¿Qué hubiera pasado si su alteza SerenÃsima hubiera sufrido un percance, requiriendo una transfusión de sangre? Actualmente no hay donantes de sangre azul, lo cual obliga a los monarcas a quedarse en casa por miedo a sufrir accidentes.
La carencia de donantes de sangre azul deriva de la progresiva extinción de la clase aristocrática y la tendencia, especialmente entre los monarcas occidentales, a relacionarse, casarse y tener descendencia con ciudadanos ajenos a dinastÃas centenarias. “Muchos de ellos encima son hemofÃlicos y si se cortan con un folio pueden desangrarse, asà que van con mucho cuidado porque saben que lo tienen muy difÃcil para acceder a bancos de sangre, que se reservan para operaciones y demás urgencias” comenta Margaret Reynolds, experta en Casas Reales europeas. “Algunos han optado por encerrarse en sus palacios. ¿Quién puede reprocharles esa actitud? La sociedad critica que no trabajen o que no aporten nada a la Humanidad encerrándose en su burbujita. Esa crÃtica es fruto de la ignorancia. Tenemos que proteger a nuestros monarcas a toda costa, debemos actuar con responsabilidad y ellos también deben ser conscientes de esto. El monarca español, por ejemplo, tiene la costumbre de ir a regatas o esquiar; no seré yo quien lo critique, pero deberÃa tener en cuenta su situación. Cualquier paso en falso puede ser fatal”.
Los monarcas españoles no están tan expuestos a este problema como las micromonarquÃas europeas de Mónaco o Lichtenstein. España es, afortunadamente, muy fructÃfera en duques, marqueses e hidalgos que, en caso de necesidad, donarÃan su sangre sin dudarlo un segundo a cualquier miembro de la Familia Real que lo necesitara. Desde el año 83, el Marqués de Ribadeneyra lleva un “busca” encima. En caso de que Su Majestad el Rey sufra algún percance, un gabinete de emergencia podrÃa drenar al marqués en menos de media hora: “no es agradable pensarlo, pero soy un marqués y soy consciente de mis obligaciones. Mi familia ha sido siempre leal a los borbones. Cuando mi hija se queja y sufre ante una caÃda del Rey, yo le digo: para los borbones, sangre a borbotones”.
Según la Cruz Roja, las reservas de sangre azul están bajo mÃnimos y la que puedan donar los nuevos descendientes puede ser perjudicial, pues se desconocen los efectos que una sangre hÃbrida o de baja ralea pudiera tener sobre aristócratas de alto linaje. Por este motivo, la Organización Mundial de la Salud iniciará una campaña para que la nobleza done sangre a sus congéneres.