Ningún miembro de la familia Zalabardo, del humilde barrio sevillano de La Pañoleta, se explica lo ocurrido. El pequeño Antonio, de nueve años y más conocido como “el Tonillo”, salió en la tarde de ayer a comprar golosinas al colmado de su pueblo y volvió a casa con unos papeles, incomprensibles para él, que le nombraban dueño de Google y de todos sus portales.

La familia, alarmada, se puso en contacto con uno de los primos del joven que “controla mucho de ordenadores”, afirma la madre, que todavía se debate entre la incertidumbre y la alegría. “Yo no sé nada de videojuegos y ya me han llamado para cuatro reuniones la semana que viene. Tengo que cuidar de mi madre que está malísima de la vista por el azúcar y nadie me dice qué hacer con ella, nos la tendremos que llevar a California porque sola en casa no se puede quedar”.

El padre se muestra encantado por la nueva fortuna familiar, ahora valorada en 2.000 millones de dólares: “el dinero viene estupendo, pero de dólares en casa no sabemos. Lo único que pedimos es que nos hablen en euros o pesetas, aún mejor. Mi mujer va a arreglar la cocina y yo voy a pagar letras de la tienda”. Sin embargo, también ve los inconvenientes de la nueva situación: “lo que no sabemos todavía es si el niño está preparado para ser director de una empresa porque tiene que acabar el colegio y la verdad es que no es muy buen estudiante: aprobados muy raspaditos y de matemáticas ni papa. Y los hermanos están muy celosos porque, claro, ellos ven que el Tonillo tiene su empresa y quieren también la suya. Yo tengo que decirles que, sobre todo, estudien mucho y no sean malas personas”.

Un posible error informático.

“Los papeles aparecieron dentro de la bolsa de las ‘chuches’, todo en inglés”, explica la madre de Antonio. “Hasta que llegó el primo Carlos, yo ni palabra de aquello, pensé que era la factura de las golosinas y me dije: ‘mira qué modernos, que le hacen factura por los gusanitos’. Me dijo el Carlos que éramos dueños de Google, que es una cosa de buscar. ¡Madre de Dios, en qué lío nos ha metido el Tonillo ahora! Me puse negra, este niño no para”. Google, que espera el martes la visita de los nuevos dueños de la empresa, apunta a que un posible extravío de datos pudo hacer que estos acabaran, firmados y metidos en un sobre, en la bolsa del niño.

Antonio Zalabardo, a sus nueve años, entra ya con todo derecho en la lista Forbes de personas más ricas del mundo y es el joven de menos de diez años más rico en la actualidad. Entre sus aficiones está jugar al escondite con los amigos, hacer fotos con el móvil y viajar con su padre en la furgoneta familiar. La primera de las modificaciones en la empresa será, según sus propias palabras, “cambiar el nombre de Google, que no lo entiende nadie, por Tonillo”.