La semana pasada Jordi Hereu, alcalde de Barcelona, celebró el segundo aniversario del Bicing, el servicio de bicicletas públicas de la ciudad condal. Lo hizo otorgando un premio a uno de sus usuarios, Mirko Geest, que con un total de 367 horas acumuladas encima del sillÃn es, de largo, su usuario más entusiasta. Aunque acude puntual a la cita, no llega en bici sino andando, contra toda previsión. “Soy adicto al Bicing pero me estoy quitando. Hace dos semanas que no noto el dulce sillÃn en mi trasero. Agradezco el premio pero esto dificulta mi rehabilitación. No sé qué va a pasar”.

"Montado en una de estas, la ciudad y yo somos uno".
Antes de que nos hagan sitio en la barra del concurrido Frankfurt Alt Heidelberg que el mismo Geest ha escogido como lugar de reunión, el joven alemán empieza a hablar de las bondades del Bicing: “fui uno de los primeros usuarios, ya sabes, por innovar y ser más chulito que nadie. Le hablé a tanta gente de lo cómodo que era que en buena parte fui el culpable de su rápida popularización”. RÃe ruidosamente, lo cual recuerda al camarero que no nos ha tomado nota. “Acelgas fritas para empezar y luego ya iremos pidiendo más cosas” dice sin mirar la carta, lo que demuestra que no es la primera vez que acude al restaurante. “No es por sus platos alemanes, es que tienen una buena carta de cervezas. Como ahora ya no voy en bici puedo beber lo que quiera, algo bueno tenÃa que sacar de ello. Además me ayuda a superarlo”. Y debe de necesitar mucha ayuda porque se bebe también mi cerveza.
“Cuando te subes a una de esas bestias rojas”, dice en referencia a las bicicletas, “olvidas toda la porquerÃa del dÃa, el trabajo, todo. Siento palpitar el asfalto bajo el manillar, la ciudad y yo somos uno. La poseo. Mis biorritmos pedalean a su compás y necesito más y más y más. Para la gente normal todas esas bicis son iguales. Yo las distingo, para mà tienen un nombre, un rostro, una historia detrás. Mi favorita es Bárbol, con la que solÃa bajar a toda mecha desde Rambla de Cataluña hasta la playa; ella clavaba sus pezuñas en la arena y mi cuerpo salÃa despedido hacia las olas del mar, me abrazaba a ellas como un recién nacido a la vida”. Sus ojos azules se llenan de furia, pero enseguida se recuerda a sà mismo su drama personal. “No quiero ni pensar en la de amigos a los que convencà para que lo probaran y que ahora… he sido un inconsciente”. La emoción le humedece la mirada. Aunque bien podrÃan ser los aros de cebolla, que están ardiendo.

"Admitirlo es el primer paso".
Mientras deposita con suavidad una cantidad ingente de mostaza en el bocadillo de salchicha, explica que la adicción fue tan gradual que le costó mucho darse cuenta de su dependencia. “Es tu medio de transporte. Asà que cuando tus amigos te preguntan por qué la usas para ir de una manzana a otra no les escuchas, crees que lo haces por comodidad. Pero cuando te despiertas por la noche empapado en sudor y decides ir a visitar a un amigo con cualquier excusa sólo para coger una bici… No sé, ahà ves que algo no funciona. Yo mismo me di cuenta cuando sentà la necesidad de traerme la bici a casa y ponerle un plato en la mesa. El problema es que el Bicing está muy aceptado socialmente sin que se contemplen los riesgos. Y encima ahora me pasa lo del premio. Como si no tuviera suficiente con verlas cada dÃa por la calle”. Es evidente que el problema de Mirko Geest necesita atención médica. La duda es si los gastos del tratamiento deberÃan correr a cargo del Ayuntamiento, como responsable principal de la adicción. Mirko no piensa en ello de momento, sólo quiere recuperarse. “No uso el Bicing desde hace unos dÃas, es un gran paso pero todavÃa no he sido capaz de quitarme los reflectores de los brazos, asà que no sé si saldré de esta”.
- Acelgas fritas.
- 5 Kasler Braten.
- Surtido de empanadas.
- Choucrute.
- Aros de cebolla.
- Puré de patatas.
- 4 Lowenbrau.
Total: 29,5€.
Os quiero, muas!!!
Lo que me ha chocado mucho es que me apropio de las cervezas ajenas. No lo hago conscientemente, perdonen si me bebà mucha, es mi naturaleza alemana que me impulsa a hacerlo, no yo, por supuesto.
Mirko no se apodera de las cervezas, sino que las reparte con generosidad germana en en hermamiento general.
20 litros dio una vez, en menos de un periquete, no pagó ni un real pues estaba al sopesquete.
Mi madre me ha llamado porque querÃa comprar la edición impresa XD XD.
Trate de resistir, Sr. Geest. ¡Puede Superar la adicción!
animos, amigo, puedes salir de esta!