El niño acudirá a su madre.

Marcos F., director de una de las sucursales provinciales del BBVA en Valencia, se negó ayer a prestarle dos euros para chucherías a su hijo de ocho años. Sin duda, la crisis que afecta no sólo a las empresas sino también a los ciudadanos de a pie ha provocado que las entidades financieras se hayan vuelto especialmente sensibles con los préstamos personales. “Venimos de una época en la que se daba dinero demasiado a la ligera, y eso ha llevado a unos altos niveles de morosidad en la actualidad”. Marcos ha decidido ahora seguir al dedo las instrucciones recibidas por todo el sector financiero, convencido de que “la pataleta de hoy es la estabilidad económica del mañana”.

“No quiero que los lazos de sangre me nublen como nos ha pasado en años anteriores. Analicé la petición y valorando el patrimonio y las posibilidades económicas de mi cliente llegué a la conclusión de que sería imposible que devolviese el dinero”, comenta satisfecho el propio Marcos. Su hijo, como consecuencia de la decisión paterna, empezó a llorar y a patalear por toda la casa. “No pude hacer nada más por mi cliente. No podía arriesgar la economía familiar por un préstamo que podría tardar quince o veinte años en ser amortizado”.

Varias entidades se han pronunciado al respecto al ser interrogadas por este diario. La mayoría reconoce que es una cantidad pequeña, pero significativa. “No podemos arriesgar lo más mínimo. El hijo debería haber presentado un plan de recuperación viable y, en esa situación, se podría plantear la posibilidad del préstamo. No estamos como para despilfarrar”. Otro de los expertos economistas consultados es más claro al respecto: “no me dejaría dinero ni a mí mismo tal y como están las cosas”.

Parece, pues, que esta crisis está sumiendo al país en la desesperación y noticias como esta no hacen más que confirmarlo. Otros niños más afortunados que el hijo de Marcos F. están aguantando hipotecas mensuales superiores a diez euros, ya sea por algún videojuego, juguete o una simple chocolatina. Varios estudios demuestran que estos chavales estarán endeudados con sus propios padres hasta los 35 años como mínimo. “Incluso los Reyes Magos se están cansando de tener que acudir año tras año al rescate de la economía infantil”, ha apuntado Marcos F.