La familia Laguillo.

Se llama Manu Laguillo, pesa tres kilos y seiscientos gramos y carece de subconsciente. “Ya lo detectamos en las ecografías, pero decidimos seguir adelante” declara Rosa Gres, la madre de la criatura. El pequeño Manu está siendo estudiado por la comunidad científica y su caso obligará, sin duda alguna, a replantear las teorías del psicoanálisis contemporáneo. Los especialistas dudan que la criatura pueda llevar una vida normal sin estar en disposición de superar el complejo de Edipo, experimentar la fase anal-fálica o tener un embarazo psicológico.

“Cuando le miras ves que hay algo en él que no es normal. No tiene doble fondo, es como si le faltara vida interior” apunta Gres, visiblemente desconcertada. Su padre, Roberto Laguillo, se muestra escéptico: “visto un bebé, vistos todos. Incluido Manu. Quiero decir que yo no noto nada de lo del subconsciente, y si le sirve para ahorrarse dinero en loqueros, pues mejor”.

El doctor Brea, experto en psicoanálisis postparto, está convencido de que la reacción del progenitor “indica que, muy probablemente, él tampoco tenga subconsciente y esa falta de complejidad genera un comportamiento parecido al de un ladrillo”. El señor Laguillo alega que “si tener subconsciente es hablar de cosas profundas, sufrir mucho y que te gusten los musicales, pues creo que mi hijo ha tenido suerte”. La literatura científica apenas registra casos similares al de Manu. Está documentado, eso sí, el de un atleta que, tras sufrir un accidente muy grave en los años ochenta, consiguió recuperar la consciencia pero perdió totalmente la capacidad de sentirse culpable por todo aquello que no estuviera directamente relacionado con los cereales.