Se nota que Juan tiene hambre, pues mientras devora las croquetas no deja de mirar de reojo las empanadillas, de las que dará habida cuenta a continuación. Dice ser un tipo “normal, como cualquier otro, con su familia, sus aficiones”. Ejerce de comercial -“y de los buenos”- para una fábrica de ventosas. Sin embargo, hace algún tiempo que no ve a sus compañeros de trabajo, pues lleva siete años atrapado en un ceda el paso de la carretera comarcal C-16 de Vigo.

Siete años esperando.

La carretera en la que se encuentra el Mégane de Juan es de las menos transitadas de la península, pero él cree que toda precaución es poca. “No, no me paro por educación porque la señal me trate de usted. Es por seguridad. Simplemente no lo veo claro. El día de mi cumpleaños, en 2002, quise arriesgarme y tuve que recular porque oí venir a alguien a todo trapo. Puse en juego la vida de mi familia. Eso no puede volver a ocurrir. Luego resultó que el ruido era de un avión que volaba muy bajo, pero el tema no es ese. Lo que importa es que pudimos morir aquel día, estuvimos muy cerca.”

Juan está sólo en el coche. Como vestigios de su anterior vida pueden verse un abanico de mujer y dos muñecos de los Power Rangers. Parece adivinar lo que estoy pensando. “Mi mujer y mi hijo han salido un momento. Ella tuvo una idea muy buena: me dijo que andarían dos kilómetros carretera abajo y que cuando no pasara ningún coche vendrían corriendo a avisarme. Y eso fue el mes de abril de hace dos años. Si ya digo, esta carretera es infernal, un verdadero punto negro, van como locos”. Al fondo, pueden oírse los balidos que provienen de la granja más cercana, situada a tres kilómetros y medio.

Se ha habituado a vivir dentro de su coche, compra comida a domicilio y ha aprendido a dormir en pequeños intervalos. Pero pese a la rutina no baja la guardia ni un segundo y los nervios están a flor de piel dentro del Mégane. “Hace tres días que no pasa nadie, podría intentar avanzar, pero hay algo dentro de mí que me dice que justo cuando lo intente y arranque y pise el acelerador, justo entonces, pasará un tráiler, o un camión de la basura, o una ambulancia… Tengo que pillarles en un descuido y entonces… zas. Despistarles, agotar su paciencia como ellos agotan la mía. Estoy usando sus mismas armas”. Le pregunto de quién está hablando. Él se limita a sorber ruidosamente el café y a mirar a uno y otro lado. “¿Quieren jugar? Pues muy bien, juguemos a su juego, se van a enterar. He aprendido, voy a darles donde más les duele, no puedo rendirme, no ahora”.

Fiambrera

-Tres empanadillas.

-Diez croquetas de bacalao.

-Tortilla de patatas.

-Pan.

-Dos bricks de zumo de piña.

-Termo de café.

Total: 0€ (cortesía de El Mundo Today)