spot_img

Una pareja aprovecha que la campana extractora está encendida para decirse a la cara lo que llevaba años callando

En un ejercicio de valentía y honestidad, los Martínez-Cebolledo, reunidos en la cocina de su casa, optaron ayer por decirse a la cara todo lo que llevaban años callando. Los dos aprovecharon que la campana extractora estaba encendida mientras se freían unas croquetas. David Martínez fue el primero en romper el hielo confesando que las croquetas de su pareja nunca le habían gustado. Su marido Alfonso, que no oyó el comentario, le reprochó que no tuviese nunca la iniciativa de ponerse a cocinar. La conversación, que en realidad consistió en dos monólogos inaudibles por culpa del extractor, fue derivando hacia asuntos de mayor calado, como la disparidad de sus proyectos de futuro, la falta de aficiones compartidas o los problemas de gestión de la ira.

Los dos integrantes de la pareja podían oír palabras sueltas, como por ejemplo «cobarde», «sacrificios» o «dependencia», lo cual bastó para que ambos fueran muy conscientes de que estaban manteniendo una charla fundamental después de la cual saldrían reforzados o alejados sin remedio. La campana extractora pudo filtrar reproches que se habrían pegado a la relación y que hubiese costado años airear.

«Uf, qué descanso», dijeron ambos cuando apagaron la campana y regresó el silencio. El alivio no se debió solamente a la acústica, sino también a la oportunidad que los dos habían tenido de desahogarse.

«Se nos han bajado los humos y toda la mierda ha salido fuera. Ya no notamos ese ambiente espeso, irrespirable, de las cosas que están por decir», señalaba David.

«Tenemos que hacer esto más a menudo», comentó Alfonso. «Claro que sí, porque además tus croquetas son deliciosas», respondió su pareja.

Solo los miembros pueden dejar comentarios. Únete ahora para comentar.

Apúntate a nuestro boletín de titulares

spot_img

Últimas publicaciones

spot_imgspot_img