
Quiero que quede constancia de lo siguiente: hay una injusticia tremenda, de las más dolorosas que existen, que es la de sufrir las consecuencias de lo que uno ha hecho. La justicia es tremendamente injusta cuando persigue a un hombre inocente únicamente por el simple hecho de ser culpable.
Y aquí me hallo, desamparado ante las consecuencias nefastas de las cosas nefastas que he hecho simplemente por haberlas hecho.
Es inadmisible que uno cometa delitos, los confiese y, solo por eso, la Fiscalía lo acuse de esos delitos. Lo diré sin ambages: estoy siendo víctima de una persecución porque el único culpable de los delitos que yo he cometido es la propia Fiscalía.
Desde el momento en que cometí un delito y lo confesé, pasé a ser el delincuente confeso del Reino de España. ¿Es eso justo? Desde luego que no. No lo es. Qué injusta puede ser la justicia cuando es justa. Uno se siente a merced de las cosas que hizo en el pasado (defraudar a Hacienda, por ejemplo).
Puede ser algo impúdico comentarlo, pero estos casos judiciales, provocados única y exclusivamente por mis delitos, me están costando muchísimo dinero. Un dinero que no siento menos mío por el hecho de haberlo obtenido de forma moralmente reprobable (cobrar unas comisiones en lo peor de la pandemia gracias a mi relación personal con la presidenta de la Comunidad de Madrid). Muy al contrario, lo siento muy mío. Mucho. Tanto es así, tanto me encariñé con ese dinero (¿es un delito amar?, pregunto) que, cuando obtuve todo ese dinero como comisionista, intenté no pagarle a Hacienda.
Es como cuando me rapé. Me pareció injusto estar rapado. No me quedaba bien. No sé por qué tuve que sufrir las consecuencias de mis propias decisiones. Lo que quiero decir con esto es que he pasado una temporada muy mala. Ahora estoy mejor.
Creo en un país en el que tú puedas hacer cosas terribles sin que tengas que sufrir (tú mismo) las terribles consecuencias de esas cosas, pues me parece injusto sufrirlas yo.
Y lo que quiero que quede claro, en definitiva, es que a mí me han destrozado la vida por un delito que he cometido yo.
Es que me voy a matar. Lo juro que me voy a matar. O eso o me voy de España.
Lo consultaré con mi abogado.





