Este miércoles Su Majestad el Rey de España se encargaba de inaugurar en Madrid la XIV edición del encuentro global de emprendimiento e innovación “South Summit 2025”. En su bienvenida, el Felipe VI ha alabado el espíritu emprendedor de algunos españoles que, como hizo él en su momento, siempre tuvieron claro que querían ser sus propios jefes.
“Buenos días a todos,
Es un placer daros la bienvenida a este foro sobre emprendimiento, un punto de encuentro para gente que, como yo, ha sentido desde bien pequeñito esa chispa por dentro, ese gusanillo por emprender, por ser vuestro propios jefes, por trabajar sin horarios. Una inquietud que, espero, muchos ya lleváis dentro y que no es nada común en este país dado a la comodidad, donde muchas veces se premia más al trabajador adocenado y acomodado que al que asume riesgos, al que lucha por sus ideas y tira hacia adelante generando a su vez riqueza.
En España se desincentiva el esfuerzo y se penaliza la ambición, esto es así, pues emprender en España es nadar contracorriente. Por eso estoy aquí: para demostrar que se puede, que merece la pena.
Yo nací en un barrio obrero, hijo de madre soltera y sin acceso a muchos recursos. Lo tenía todo en contra, pero a los 12 años, al poco de aprender a leer, leí un cuento titulado “El príncipe y el mendigo” que me abrió los ojos. Me dije “quiero ser este”. Y entonces me esforcé por ser mendigo. Tras seis meses de penurias me di cuenta de que me había equivocado de personaje y me dije “no, mejor ser príncipe”. Y esa fue mi obsesión. Pues eso es lo que es emprender: una obsesión. Me acostaba queriendo ser príncipe y me levantaba por la mañana queriendo ser príncipe.
Por el día iba al instituto y por la noche hacía de príncipe freelance en pueblos pequeños. Recuerdo que tenía una moto y llegaba a los pueblos por las noches y decía “me ofrezco como príncipe” y acordábamos un precio y hacía de príncipe un rato por cinco duros. Luego fui a la Universidad pero me di cuenta de que tenía tanta hambre por emprender que aquello no me servía y lo dejé para centrarme en mi sueño de ser príncipe.
El poco dinero que iba ganando haciendo de príncipe los fines de semana lo reinvertía en comprar espadas, coronas pequeñitas… Iba al Burger King y cogía las coronas de cartón que encontraba en la basura después del cumpleaños de algún niño y me las ponía y me miraba en el espejo. Hacía de príncipe lo que podía, en plan underground, haciendo mis pinitos como regente.
A los diecisiete años me construí mi primer trono con palés reciclados en el garaje de los padres de un amigo. Y me sentaba ahí a reinar, lo que podía, sin esperar nada a cambio. Sí. Y en ocasiones, lo admito, fui príncipe a cambio de un bocadillo para pasar la noche o de visibilidad. Y así, poco a poco, empecé a despachar asuntos cada vez más regios, lo que buenamente podía, entre botes de pintura viejos y bicicletas oxidadas, ahí en el garaje de mi aigo. Sin apenas recursos, pero con una idea clara y muchas ganas de aprender. Sin rendirme. Madrugando lo que hubiera que madrugar.
A los 20 años inauguré una biblioteca por primera vez. ¿Me lo pidió alguien? No, me presenté allí con unas tijeras gigantes y corté la cinta inaugural antes que nadie. ¿Me echaron? No, vieron que tenía madera, que servía. Como digo, emprender es una actitud y eso es algo que los curritos de a pie no pueden entender. Hay que ofrecerse, hay que agarrar ese sueño con ambas manos. Metafóricamente, digo, porque los sueños son etéreos y no se pueden tocar con las manos, lógicamente.
Tienes que creer en ti, porque nadie lo hará si no lo haces tú. A los 23 maté a mi primera prostituta y la enterré en el desierto de los Monegros, como haría un auténtico rey de España. A los 30 fui ya príncipe de Asturias oficialmente, a cambio de nada. Simplemente creía en mí mismo. Y luego ya a partir de los cuarenta empecé a fabrica españoles. En Eureopa ni los querían: que si están defectuosos, que si son feos, que si se rompen… Pero yo creía en el proyecto, en España. Y a los 46 ya fui rey al fin, liderando un sector en el que apenas hay competencia. Y ahí ya te plantas en 50k, 60k, 100k y eres el puto amo.
Sí, ¿por qué no decirlo? Me considero un monarca hecho a sí mismo, claro que sí. No hay otra forma de llegar aquí, nadie te lo va a regalar, no es algo que caiga del cielo como la lluvia o los pianos.
Y no lo digo para presumir, sino para mostrar que no hay un camino único, ni fácil, ni rápido. Pero sí hay algo común entre todos los emprendedores que estamos aquí reunidos: la determinación. Ese gusanillo del que hablaba al principio, que cuando lo tienes, ya no puedes ignorarlo. Y vosotros, si os esforzáis quizá también podáis ser reyes de vuestro propio país algún día. El único límite es vuestro propio esfuerzo. ¡Muchas gracias y a emprender!”










Grande!!!
Brutal. No nos lo merecemos, un rey así
Obra maestra.
Pero no hace coaching online!
Gran ejemplo.
Mis referentes:
Musk, Espinete y Felipe VI.
Todos estos reyes son iguales, mucho quejarse de lo difícil que es ser rey en España, pero mira cómo no se van a Francia o a Portugal a emprender.
Lo que tendría que hacer es salir a conquistar tierras lejanas y llenarlas de españoles y volver cubierto de riquezas
Un auténtico ejemplo a seguir, ni sabía que había nacido en un barrio obrero. Lo de matar una prostituta y enterrarla en los Monegros es una parte fundamental de cualquier self-made prince